Solía yo tener una ranita y ayer se me ha perdido. ¿Alguien le ha visto? Me dejo una nota pero sin firmar. Ranita que no es ningún sapito, pero me ha dicho que buscaba los labios de una princesa. Esta ranita tiene un corcel blanco para cabalgar a luces en la noche estrellada y de verde no tiene ni las palmas de sus ancas. Es de unos tonos rojos con motas azules, si, unas bellas motas azules. Croa cerca de las ocho de la mañana aunque en ocasiones se le escucha maullar a los gatos del tejado por la noche. ¿Le ha visto usted señor a esta mi rana? No me mal entienda, extraño a mi ranita pero me tiene sin cuidado. En una ranita más que coqueta, amistosa.
Hoy recibí noticias de esta mi rana que ya no es mía. Feliz en cada salto ha escogido nuevos estanques de lirios multicolores nadando con pirañas y confiada de su encanto. Confía siempre en tu encanto. Ese tu encanto que está en no ser un sapito que busca ser un príncipe. Ranita dulce que busca ser nada mas que ranita aguerrida removiendo las aguas y cambiando las corrientes. Hasta luego ranita sin dueño, encuentra tu princesa para que pueda presentarme con mi caballero. De dragones y espadas no te ocupes que las flores y las sirenas son tu camino. Te beso en la distancia en la mejilla ranita bella para que puedas olvidarte de la tierra firme para entregarte siempre a las aguas y sus orillas. Este gato que no es princesa te guarda gustosa en su recuerdo. Maullando en los tejados de los castillos del viejo continente sin cuidado de toparse con ratones y sabuesos y alguno que otro caballero que busque conquistarlo. No te olvides de besar a esa tu princesa cuando la hayas encontrado. En su tiempo buscaré palomas que te lleven mis palabras con noticias viejas. Amarra entonces tus letras en tinta a sus patas para que puedan hallarme. Adiós ranita, amiga mía. Miau, maw.
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