El hocico roto, la boca abierta y la mandíbula quebrada. Ambas clavículas dislocadas y el ojo ennegrecido. Me veré salir del cuadrilátero sangrada, acabada y con el rímel corrido hasta el cuello. Los coágulos de sangre se apresuran cargados de plaquetas en mi auxilio. Demacrada agitada y con una sonrisa victoriosa y aun en pie. Mis piernas macizas se mantienen fuertes y andando. No mires atrás. Así me saludaré al espejo cuando el domingo cierre la noche. Victoriosa de romperme la madre con mi miedo y mi dolor y al fin de cuentas habré ganado el gozo de verte y llevarme un libro sellado de recuerdos. Una despedida de pocas oportunidades, dulce y cubierta de ralladuras de cascara de limón que la adornan. El plato perfecto.
Hoy me he permitido un entrenamiento con tus palabras viejas. Me he puesto los guantes. He desdoblado por primera vez, las antiguas promesas grabadas en papel y arrinconadas en mi armario. Hoy me he llevado un par de ganchos al estomago y sigo en pie. Mi resignación titubea y la esperanza me amenaza pero sigo en pie con hacha en pelo que golpea incesante la cadena de mi apego. Me armo de flechas y de piedras rojas encadenas a mis manos para no manchar la duela de sangre. Argollas que cuelgan de mi pelo y me recuerdan que el cierre de los ciclos es imprescindible. Y que fuera lo que fuese, incluso amenaza de suicidio me hubiese lanzado al vació a clavarme en el río triturante. No olvido mis llaves por el riesgo de quedarme fuera. Tengo la llave maestra de las puertas que me esperan.
"Este es el inicio de nuestra vida juntos, es una afirmación seria y resonante que tienta al destino y le grita a la cara que construiremos algo a pesar de los planes que tenga para nosotros."
Esta es la que más me ha dolido. Esta me ha abierto el pómulo. Ha utilizado una daga oculta en la manga y el árbitro de mi razón no ha notado la falta. Te regalo el riñón que, a puñaladas entintadas, has dejado inservible. Te regalo un montón de carne gangrenada de estos golpes. Me ha sorprendido con el hacha alzada y no he podido descargar el golpe sobre el párrafo. Me ha dejado helada y me ha rodado una lágrima caliente por la mejilla.
El viernes me ha buscado tu paloma. Me ha levantado las cejas a mi espera de palabras administrativas de los recados y cuentas pendientes. Palabras que no queremos mencionar y se acercan por las sombras. Palabras de ventas y números, contratos y signos de pesos. Aun a sabiendas, tu paloma me ha sorprendido a la caída de la noche. Me ha dejado de bocas abiertas al leer su mensaje. Se enciende esa luciérnaga de esperanza maldita. Le disparo una mirada amenazante y atemorizada baja su candor provocado por tus palabras para nada administrativas. La mantengo a raya. Sin embargo no he podido evitar que al beberme y bajar la guardia de mi conciencia y mi memoria me he encerrado en un cuarto de azulejos a llorarte alcoholizada. Te he escrito palabras borrachas. Tintinean las cadenas pero siguen firmes en su lugar. Las ventanas continúan entabladas. Recobro la guardia.
Me he permitido una deliberada recaída en estas mis palabras amargas, hablando nuevamente de despedidas y pérdidas. Me vacilo en la inconstancia y me cuesta mantener el equilibrio. He tomado una decisión pensada y para la cual mente y corazón marchan unidas a enfrentar una batalla. No me mal entiendas, no peleo contigo, peleo con la esperanza maldita.
Una cita de dos corazones amantes que se encuentran para charlar de lo bello que es el presente que sin importar la situación, ni el ayer, ni el mañana, se citan para encontrarse y amarse unas ultimas horas antes de la última despedida. Una cena, el aroma de un sazón viejo, bromas añejadas y cariño inconfundible, amor irreemplazable que sacude la calcificación de su fosilización para pegar unos últimos saltos entre los labios que esperan no decirse algo que pueda herir al otro.
Recuerda conmigo a la luz de la vela lo que fue y no será jamás, dejo guardado un poco del rencor de abandono que aun me queda, esa prenda gris y vieja, rasgada que no me sirve ni me luce. Me visto con el vestido de recuerdos más bonitos más juveniles. Me perfumo con los recuerdos de tu cuerpo durmiendo junto al mío. Me maquillo con las ilusiones viejas y las promesas de vida. Un par de tacones invisibles para pararme de puntillas y alcanzar tu boca. Mis orejas de gato siempre bien puestas para maullar un regreso de espejo. Mis alas aun en su lugar bien dobladas bajo mis brazos para no remover el polvo de lo que viene.
Me armo de valor después de este entrenamiento con tus promesas olvidadas en papel. Por la madrugada me levantaré a estirar mis músculos y continuar ejercitándome. Mañana correré a carrera contra tus fotos y la base de mi cama, la base de mis sueños a tu lado. La he malbaratado a un amigo que la utilizará como dos mitades separadas, del matrimonio, de lo king a lo individual. ¡Ja! Vaya que analogía tan natural y más atinada. Para cuando vuelvas a pisar este tu hogar que ya no es tuyo y pronto no será ni mío, verás la película grabada de como se veía antes de empezáramos a armar una vida tan corta juntos. ¿Quién murió para que acabara la vida?
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