What hurts me the most is I don’t want to love again. Whether I will or not is probably out of my control, but you have changed my very nature. You murdered the hopeless romantic in me when you executed our daughter. With her death you gave birth to a cinic. I had always been in love with love, no matter the number of heartbreaks. I was always hopeful of repair and falling in love all over again and starting over, a new love story. Being swept off my feet, carried away lightly by wind, be showered in a million roses and dine by candlelight, a man singing at my balcony, feeling chills with one caress. You have taken that away from me. I now cringe at the thought of it, laugh, mock at the thought of it.
I crave the moment I can restore my sexual appetite and then sleep around and not feel anything, don’t care for anyone. I want to treat men like objects and build the tallest wall of all. I don’t want to share my space again. I won’t share myself again. I don’t want someone to open another tab on my time for them to control. You made me angry with love. Out of all those songs you sang for me and the ones you wrote for me, you danced to the tempo of “I am Your Man”. You bailed out quite quickly on that one or maybe not: “I’ve been running through these promises to you that I made and could not keep”. I guess we both faltered on our wedding songs. And now I want love to stay the fuck away. You have changed my very nature and turned me against love. I hope I never love again.
Soy una criatura del bajo mundo; Soy todo acerca de las experiencias, la pasión, los riegos, acerca de los retos, el amor, soy todo acerca de la vida. I am a creature of the underworld; I am all about experiences, about passion, risks, about challenges, love, I am all about life.
jueves, 28 de febrero de 2019
jueves, 7 de febrero de 2019
Bienvenido a Casa
El terror pasivo se
siente acariciando la calle como neblina. Viene dejando caer cada paso humeante
e invisible, dejando las pisadas de brea en el empedrado. Los lugareños de tu
diminuto mundo apilan la leña en una gran hoguera. Se siente seguros de que
acabaran conmigo atada a una estaca. Extinguir la peste que viene condenado a
tus súbditos. Han de creer que sus planes suceden desapercibidos para mí.
Cuanta ingenuidad.
No puedes quemar un
incendio. No puedes cremar un cuerpo de cera. Eso ya deberías saberlo tras la ejecución
de nuestra única hija, pero nunca has sido bueno para recordar esos detalles. No
puedes fundir este acero. No puedes arrancar estas plumas. No soy una bruja. O quizás
debería decir, no soy sencillamente una bruja. Soy demonio, soy familiar y alma
felina. No tengo siete ni nueve vidas. Tengo trescientas veces siete vidas
inmortales.
Puedes arrancar pedazo
a pedazo las costras de mi piel carbonizada. Puedes extirpar mis dientes uno a
uno, y de las brazas aun ardiendo todo vuelve a crecer. De la tierra quemada me
alimento. La gangrena es mi abono y alimenta mis ramas, mis flores de fuego. Te
invito a que sigas con tu navaja la línea punteada de mis brazos, mis muñecas,
a que bebas y drenes cada unas de mis venas. Por mi cuerpo no fluye sangre sino
oro fundido, hirviendo. Bebe de mí y envenenen tu cuerpo mortal. Embriágate de
la muerte que soy. Estas maldito. Anoche soñé que me quemabas viva pero eso que
escuchas no es mi voz agonizante, es la hilaridad de la ingenuidad enajenada.
Levantas la mirada y
desconoces dónde estas. Una sensación de angustia te recorre. No recuerdas
donde estabas y que hacías hace unos momentos. Te es imposible recordar cómo has
llegado hasta aquí. Te encuentras de pie sobre tierra suelta, casi tan fina
como arena. A tu alrededor no divisas nada. Una luz opaca te recuerda a un sol
agonizante que poco calienta la tierra. A lo lejos el viento revuela el polvo y
no ves nada. La angustia incrementa y empiezas a rascar la base de la uña de tu
pulgar de manera inconsciente. El pellejo que une tu uña con tu dedo se desprende
ligeramente, desapercibido para ti. La misma inconsciencia te lleva el dedo a la
boca y empiezas a morder insistente tu piel. Un cosquilleo te anestesia la mano.
Continúas mirando alrededor y no se escucha nada más que el viento y el sonido
de la tierra contra tu cuerpo. En un instante, repentino dolor, púnzate, te
adormece la mano entera al jalar con tus dientes la piel desprendiendo tu pellejo.
Te miras la mano y la sangre brota pulsante de la grieta que te has abierto con
las uñas, los dientes, la inconsciencia y la angustia. Casi contra sentido, continúas
jalando la piel hasta que esta se rompe en la base de tu mano y el dolor
punzante se hace presente.
Cada lagrima que inunda
mis ojos ahora ahoga uno a uno tus quejidos, te consume la garganta y te impide
inhalar. Cada una de las larvas que has nombrado son mis hijas. Agusanan toda
tu carne devorado tu cuerpo y llenándote de agujeros uno tras otro tras otro
tras otro en un patrón interminable. Las sientes caminar debajo de tu piel,
hormigueando, comiendo, abriéndose paso entre tus nervios y hasta tus huesos. La
desesperación de la falta de aire lleva tus propias manos a atentar contra tu
piel a intentar liberarte de tus inquilinos. Tus dedos aran tu cara y la carne
se acumula bajo tus uñas. Y por un instante que parece eterno, mueres. Tu
soberbia es tu condena, pues tu garganta se abre de golpe y el dulce oxigeno
llena cada una de tus células en un gozoso momento. Es como despertar de un
sueño. Pero así de repentino, comienzas nuevamente a sentir la falta de aire,
las manos invisibles apretando tu garganta, mis lágrimas nuevamente llenando
tus pulmones y los gusanos haciendo de ti un festín. Has sido tu quien ha
bebido del oro in mortal que inunda mis venas. Bebida de demonios y ángeles por
igual, elixir de vida eterna. En tu intento por consumirme has logrado eterno
tu tormento. Te descubres desnudo y temblando en un frió piso de piedra,
rodeado de cuatro paredes lisas. Es imposible saber cuanto tiempo llevas ahí.
Siempre voy a amarte,
al igual que a todos los otros. Recoge tus pertenencias y siéntete en casa. Sígueme.
Puedes tomar la casa al final de la calle. Su último ocupante ha hecho un lugar
para ti. No solemos tener reubicaciones, pero contigo hemos hecho una excepción.
No teníamos contemplado un cambio en el censo poblacional, de serte sincera. Creíamos
que serias diferente, pero has resultado igual que cualquier otro. Disculpa, eso
no es del todo cierto. Los demás me
miran aterrados. Nunca antes me había visto pasearme por aquí en mi otra forma.
El vecindario del amor siempre había sido una tierra neutra per tu has venido a
cambiar muchas reglas.
Liberado de sus antiguas
cadenas, el previo ocupante te mira en desaprobación y con una sonrisa
socarrona. Tan solo hace falta que se encuentre con mis propios ojos para borrarle
el gesto de la cara. Tras cumplir su propia condena y absuelto de sus propios
barrotes, se cruza conmigo sonriendo de nuevo. Se detiene por un momento a mi
lado. Me toma suavemente de la mano, acariciando mis dedos y me besa
tiernamente la mejilla. Cuanto tiempo esperé este momento para poder liberarlo.
Parecía tan lejano, tan improbable y aun así estaba segura de que así
seria. Tiene tiempo que cumplido su condena, pero no me pasaba por aquí hace
tanto años.
Ahora te veo a ti andar con dificultad cargando la
picota con el cuello, doblándote la espalda al caminar. Tu piel se regenera
cada vez más rápido, pero conserva el color rosa de la sensibilidad propia de una
herida tierna. Desnudo, temblado, sin noción de tiempo, caes con una rodilla al
suelo, mientras tu captor azota tu espalda. Las nuevas llagas en tu piel se
mezclan con las más viejas. Algunas supuran pus y sangre vieja. Representas
menos amenaza que tu predecesor, no necesariamente por la gravedad de tus crímenes,
sino por la solidez de mis piernas, mi doble naturaleza despierta, mi inocencia
perdida. Terminaste con todo lo que alguna vez fui contigo el día que dejaste a
nuestra hija al cadalso. Junto a ella se balanceaba inerte una parte de mi y humeante
se hacia permanente otra mas oscura. Bienvenido a casa.
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