jueves, 7 de julio de 2011

Transición a Media Tinta

Esto lo empecé a escribir ayer. Hoy lo termino porque representa el inicio del cierre de un ciclo. Pero a partir de este momento, esto (esta tristeza, esta desvalidez y este humor azul, etc.) se termina. He dicho. *Hasta puedo decir que lo único que vale la pena leer de esto, son los últimos párrafos.


------------------------------------------------------------------------------------------------------

Me siento rota. Ni siquiera se me antoja un beso. Ni siquiera se me antoja una caricia anónima. Repito y repito y repito tu nombre sin darme cuenta. Me sorprendo sonriendo pensando en ti.  Cada noche desde que te fuiste, llego a casa, mojada, cierro la puerta detrás de mí y sin encender la luz, llamo tu nombre, cada uno de los días después de que te fuiste. Vaya que creo que si empiezo a volverme loca. Y aguardo unos segundos congelada en la puerta esperando tu respuesta.

No se me antoja un beso, a mí, a mí, adicta declarada de los besos. Esta es una de esas primeras cosas que no me habían tocado. Ya he tenido más de un par de oportunidades de besos, abrazos y caricias.... de algo más incluso... y no. No siento nada, ni siquiera deseo. En ocasiones y con despedidas a los hombros buscaba labios para barrer sabores pasados. ¿Alguna vez has escuchado el cliché de la chica que conoce a su artista favorito y no se lava la mano con la que lo saludó? No quiero besar otros labios por miedo a perder tu sabor. No quiero invitar otro cuerpo a mi cama por miedo a borrar el peso de tu figura del colchón. De verdad me siento rota y con miedo de no poder volver a amar. Me siento coja del corazón. Quiero al menos leerte desde la distancia, saber que aun me recuerdas. ¿Has tratado de borrar mis besos con otros labios? ¿Has tratado de borrar mis pechos desnudando otros cuerpos? ¿Lo has logrado? Tengo tantas preguntas para ti y sin embargo me mantengo a raya.

Respeto..... Fáltame al respeto y cruza mi raya, te doy permiso. Fáltame al respeto y pídeme que me quede, pídeme que queme mis sueños. Pídeme que queme mi boleto o solo invítame a comer. Dame una razón para volver a casa. Ni siquiera eso siento. Quiero pasar la vida huyendo de tu recuerdo.

Me siento rota, y gracias doy que me conozco tan bien, conozco mi necedad como para no desesperar. Me siento rota, pero voy recogiendo mis pedazos. Hoy siento que jamás volveré a amar, que jamás volveré a ser feliz. Gracias Dios que lo que sé y lo que siento difieren tanto. Ya hemos hablado de la extraña relación que llevan mi mente y mi corazón. Adoro este corazón aventurero, salvaje y espontaneo, lo adoró cuando esta navegando las aguas altas. Aun cuando esta, mi razón, sea una madre aprensiva de su corazón, siempre le dará rienda suelta. Pero éste corazón se anda por las aguas bajas con tu partida. Y así de intenso y aventurero y dramático como es en las buenas, así de triste y desesperanzado es en las malas. Doy gracias a mi razón que por más que lo aseguro,  no se ha vuelto loca. Doy gracias a mi razón que hoy que soy puro corazón, me mantiene a flote. Doy gracias a mi razón que me arrulla con ternura para decirme que "Esto también pasará". Porque al tiempo no le importan los desamores y no se detiene para mirar quien se ha quedado rezagado en el camino y sigue andando.

Esta mente arrastra su corazón inválido susurrándole al oído que volverán las aguas altas con otro color de mal. Lo tienta con sus alas que ha dejado empolvar en el armario. Alas de plumas multicolores para ir a donde me plazca, alas de trabajo de constancia y de creencia. Alas echas de mi certidumbre de saber que volaré dónde yo quiera, cómo quiera y cuándo yo quiera. Soy los dos polos entre alegría y tristeza que me traen subiendo y bajando olas. Hoy respiro profundo durante los segundos que mi corazón se ha quedado dormido vencido por el cansancio de llorar, para charlar con mi razón por unos momentos. Ahora que se ha quedado callado puedo ver que aun es feliz, no es solo la capacidad de volver a serlo, sino que no ha dejado de serlo nunca. Te extraña demasiado, siempre como un niño en la ventana. Pero no se va a morir, porque esta razón le repite que el tiempo ira cerrando esa herida que cree jamás va a dejar de sangrar. El mundo no se detiene, nos detenemos nosotros y aun cuando mi corazón quiera aferrarse a tu ventana esta razón no lo dejará detenerse.


No hay comentarios:

Publicar un comentario