domingo, 30 de diciembre de 2018

Mothering Myself

I keep walking in on myself wishing you back. I insist on her letting you go, but no matter how many times I repeat myself, it seems I just refuse to listen. Stubborn brat, I know what is best for you. That is not it. A slap across my face. My ring has gashed deep at my cheek. A fine line of blood runs a half drawn tear. She looks at me defiantly and dares me by wishing you back then and there. I walk away.

viernes, 7 de diciembre de 2018

Universo Paralelo



Desde el martes pasado volví a sentir esa conocida necesidad que de vez en cuando me obliga a escribir. Hoy es jueves, jueves 6 de Diciembre del 2018 y siento la necesidad de escribir sin la confusión de metáforas y palabras enredadas como es mi costumbre. Donde al final no se entienda nada, pues solo yo sé de que hablan. De cualquier forma, siempre permea lo que siento al momento de escribirlos. En fin, hoy de nuevo se siente un poco más como narrativa factual, descriptiva de lo que siento y pienso, sesgada desde mi percepción y desde mi lado de la historia. Daniel tendrá su propia historia y cada día que pasa siento como si hubiéramos vivido historias completamente distintas sin darnos cuenta. Por supuesto en una de estas dos versiones juego el papel de villana.

Ayer finalmente envié por correo postal un poder notarial “para que la apoderada, en nombre y representación de la poderdante, realice los tramites, actos y gestiones relativas al juicio de divorcio administrativo o judicial, o el que corresponda, de la mandante con el señor DANIEL…”…de divorcio…. de la mandante con… Daniel”. Estas son posiblemente algunas de las palabras más difíciles que he tenido que leer en mi vida. Son palabras que resuenan en mi cabeza junto con la escena de estar sentada en una oficina vieja con ese olor a muebles de piel antiguas, escuchando la voz distante y administrativa del burócrata revisando la redacción. Pese a todo, traté de leerlas una y otra vez asegurándonos de que no exista ningún error que complique o retrase el proceso. Toda la escena parecía carente de emoción, mientras que yo por dentro estaba gritando.

Mi paradójica y triste realidad: no quiero un divorcio. Nunca lo quise y por mucho tiempo me pareció absurdo. Ni si quiera era una posibilidad que contemplaba. Nos creía perfectos con todas nuestras imperfecciones. Quiero que quede claro: de ninguna forma estoy teniendo dudas sobre si seguir adelante con el divorcio o no. Estoy completamente convencida de que es lo mejor para ambos y que en este momento de nuestras vidas y en las circunstancias especificas en las que nos encontramos y las personas que somos, no tenemos solución. Tú me lo pediste y yo estoy de acuerdo. No pongo ninguna resistencia. Sé que debo cercenar todos los lazos (pun intended) que nos unen: mis cosas, el préstamo, el coche, las benditas redes sociales, nuestro matrimonio. Todos son lazos que debemos extinguir, por mi sanidad y la tuya.

Sin embargo, en la básica definición de la palabra ‘querer’, ‘desear’, no quiero divorciarme. No quiero pasar por esto. No te quiero fuera de mi vida. No te quiero lejos. No quiero terminar mi matrimonio contigo. No quiero dejar de ser tu familia, tu esposa, tu mujer. Me estoy enfocando en darle salida lo antes posible, pero de ‘querer’, lo que es ‘querer’ específicamente como deseo, no quiero. No me quiero divorciar. Me casé para toda la vida y quiero que funcione. Quiero que todo cambie. Quiero un universo paralelo donde hicimos cosas diferentes, donde Daniel me aceptó con todas mis locuras y pasiones, incluso las nuevas, donde nos entendimos mutuamente, donde entendimos los dolores del otro y nuestras necesidades. Quiero un universo paralelo donde estás aquí en Londres conmigo y todo funciona. Quiero ese universo paralelo donde el sábado iremos a una fiesta y el próximo miércoles a un concierto. Quiero despertar contigo el domingo y hacerte de desayunar. Quiero a Otto corriendo por la casa y usando la puerta para gatos de la terraza. Quiero ver a Negroni ser correteado por Lilith, mientras Harley los ve con flojera. Si, sé acerca de Negroni. Quiero recibir a Marisol y a Raúl cuando vengan a hacer tour por Europa. Quiero llevar a Alonso a los Kew Gardens. Quiero abrazar a tu mamá y comprar regalos de navidad. Quiero que tu negocio funcione desde aquí, quiero… que todo funcione. Quiero envejecer contigo. Ese es el egotismo de mi universo paralelo. Al fin y al cabo es para mí, ¿no? Ja…ja…ja.

Todo era más fácil cuando estaba enojada. Recién bajando de un avión que venía de Perú estaba tan dolida y enojada por el abandono, por la forma tan repentina en la que estaba celebrando mi quinto aniversario de bodas, esperanzada de un nuevo comienzo, feliz y amorosamente con mi esposo; y de un momento a otro me estaban pidiendo el divorcio. Me sentía traicionada y con derecho a la ira por tus palabras “No me gusta cómo eres…Ya no quiero estar contigo”. Como si fuese una cosa de un momento a otro. Tan solo dos días antes me dijiste “que hice para merecer una mujer como tú”. Y si, lo decías en un sentido positivo. Aunque posiblemente eso ya se te olvidó. Siempre me asombré de tu facilidad para olvidar las cosas buenas y retener las malas. ‘Quiero estar contigo y ahora ya no’. ¿Cuánto tiempo venias pensando esto? ¿Cuánto tiempo tenía tu inconsciente pensando que quería dejarme? ¿Cuándo finalmente lo trajiste a tu consciente? ¿No pudiste esperar a terminar el viaje? ¿Callar y no decir nada hasta el momento en que estuviéramos en México haciendo escala? ¿Tenía que ser restando 6 días de viaje, en un país donde no conozco a nadie? Todas estas preguntas alimentaron mi fuego. Claro que tomé el resto del viaje como parte de mi duelo y así lo viví, pero ese es otro tema.

¡Ah! Eso sí, “No me gusta cómo eres…Ya no quiero estar contigo”… pero, ‘no seas malita, déjame seguir pagándote la lana que te debo durante el próximo año o dos, a cómodos pagos mensuales sin intereses, y explícame para que necesitas el dinero’. Ese dinero que amablemente saqué de mi fondo de inversión dejando de ganar rendimientos para que pudieras estabilizar tus deudas. Claro que en tu perspectiva esa deuda TAMBIÉN es mi culpa, porque la generaste cuando tuviste que quedarte en Londres durante 6 semanas porque tu esposa se rompió la cadera por correr (justo lo que tú le pediste que no hiciera), pese a que estaban pagados todos los viáticos. Ni digamos nada del préstamo anterior. Perdón, pero tenía que incluir mi ‘rant’ sobre eso en algún lado. Lo único que pude pensar con eso fue “que huevos de cabrón” Eso y que te quedaras con TODOS los cuadros que compramos juntos, aun cuando ya anteriormente habíamos mutuamente decidido que yo me quedaría con el cuadro de Miss Vann. Pero no te preocupes, son nimiedades y me ayudaron a mantenerme enojada más tiempo. Mantuvieron la nostalgia, la tristeza y el anhelo a raya por algunos días más.

Luego vinieron todas las preguntas relativas a muestra relación y aquellas que también me cuestionaban a mí. Al fin y al cabo, la gota que derramó el vaso fue la montaña de Machu Pichu, no hay manera de negar eso, por más absurdo que suene. Tu argumento fue “si crees que es por eso, no vas a aprender nada” Vaya… no se realmente que decir al respecto. ¿Tú aprendiste algo? Eso sí, una amiga me dijo que el hecho de que el motivo de nuestra última pelea hubiera sido el que yo preferí subir una montaña y tú no, llevándonos a pasar unas horas separados, es una perfecta metáfora de nuestra relación. Eso alimentó mi ego, aunque posiblemente no es del todo cierto.

Tu decisión de pedirme el divorcio fue porque te sientes abandonado y lo entiendo. Más de una vez dijiste que esperabas que viviéramos solo el uno para el otro. Pretend the world has ended and hide away for days… and I shut the world outside and then it’s only you. Eso suena tremendamente romántico, pero verdaderamente esperabas que siguiéramos las canciones al pie de la letra y la realidad es que esa no soy yo. No me di cuenta o quizás voluntariamente no quise ver que eso esperabas de mí y no pude ver que no puedo dar eso. Me gusta hacer un millón de cosas y tener un millón de metas. Me hubiera encantado compartirlas contigo si tú lo hubierais querido. Quizás mis metas y mis intereses específicos eran nuevos para ti y no siempre estuvieron presentes en nuestra relación, pero esa necesidad de cumplir objetivos y metas no es nada nuevo. Es parte de mi personalidad y parte de lo que mi papá tanto me festejaba. Estoy segura de haberte dicho que el objetivo de correr un maratón fue de los últimos compromisos que hice con mi papá. Aunque quizás ya no te acuerdas.

Entiendo que mis intereses no son los tuyos, pero siempre creí haber hechos tus propios intereses míos. Claro que tú podrás argumentar que tus intereses siempre fueron míos también. Es como una conversación entre tú y yo en mi cabeza. La conversación honesta que me gustaría tener, en ese universo paralelo, donde me dices todo claramente como lo piensas y tú entiendes todo lo que siento.  Ese ha sido mi deseo más profundo estos meses, que me entiendas. Quizás ese siempre ha decido mi deseo mas profundo contigo, que me entiendas, incluso si de todas maneras me dejas. Saber que mi sentir, mi pensar y mi actuar hacen sentido para ti.

Quizás es mi fatalismo post ruptura, pero en retrospectiva siento que muy pocas veces me entendiste. Quisiste y creíste hacerlo, pero realmente muy pocas veces me entendiste o te interesaste por mí. Te interesaba quien era yo contigo y a tu lado, pero en silencio, a solas, mi estado emocional… no sé si alguna vez lo viste. De eso me di cuenta cuando me pediste que tomara Prozac para salir de mi depresión por la fractura de mi cadera e indirectamente salvar nuestro matrimonio. Estoy segura de que nunca entenderás lo mucho que esa propuesta me dolió, así como tu enojo cuando no quise aceptarla. Al día de hoy todavía me duelen tus palabras de ese día “Mereces haberte roto la cadera… es tu culpa”. Me pregunto si eso algún día se irá. Al igual que me pregunto si tu resentimiento acabara por ceder un día. Un año y medio después lo volviste a decir, pese que tenía 18 meses sin entrenar: “Estoy harto de tus maratones, tus proezas deportivas, tu Pokémon y tus pendejadas”. Eso lo dijiste antes de pedirme el divorcio. Tenía 18 meses del hecho y tú jamás me perdonaste haberme roto la cadera y, por supuesto, todo lo que vino después. Tu rechazo después de mi fractura y al volver a México fue lo que ultimadamente me sumió en una depresión. Necesitaba profundamente de ti, pero tu solo tenías enojo y te alejabas más y más. Tantas veces verbalicé mi necesidad de ti, pero tu rechazo te mantuvo sordo y distante. Por eso terminé por pedirte que te fueras. Necesitaba estar lejos de ti y de tu odio para poder sanar. No te interesaba que me sintiera bien conmigo misma, te interesaba que los síntomas no se manifestaran en mí y afectaran tu vida conmigo. Por eso querías que tomara Prozac, donde el problema de raíz jamás se iría, solo atenuarían los síntomas.

Ya lo he dicho antes, pero creo veías en mí eso que esperabas que fuera, la idea que tenías de mí, y no a la yo que te gritaba mi realidad. Probablemente estarías en desacuerdo conmigo. Y es que pude no haber subido esa montaña y pude no haber corrido el maratón de Londres y pude no haberme roto la cadera en consecuencia, y pude no haber ido a trabajar en silla de ruedas y pude haber dejado de entrenar para el maratón de la Ciudad de Mexico y pude haber dejado de jugar Pokémon y pude haber dejado de hacer tantas cosas en favor de nuestro matrimonio y haberte escogido a ti sobre todas esas cosas. Tal como regresé de Londres la primera vez, tal como dejé el Krav Maga, tal como dejé la maestría en administración, tal como dejé al Team B, tal como dejé el trabajo en SEGOB, tal como dejé tantas otras cosas. Pero habría terminado por traicionarme a mí misma y resentirte por ello. Podría haberle dedicado menos tiempo a esas cosas, menos tiempo a mí y haberte dedicado más tiempo a ti. “Siempre tienes algo más importante que hacer que estar conmigo y estoy harto de siempre estar esperándote” Podría no haberme ido a Londres.  Entonces, quizás seguiríamos juntos. Pero entonces, no sería yo. Si, si es egoísta decirlo. Al final también creo que la última traición y el último abandono que sentiste de mi parte fue justamente mi partida a Londres. La realidad es que también existe un resentimiento por eso y creo que pesó en tu decisión.

Y es que últimamente he pensado que estaba condenada a fracasar en tus ojos, pues siento que esperabas de mí una Andrea dicotómica. En algunas de nuestras conversaciones, me dijiste que tu ideal era tenerme en casa a las 6:30pm, pese a que sabías que eso no era posible sencillamente por mi horario de trabajo. Ni que decir de los intereses personales que yo me atreviera a tener. Eso me dejó pensando sobre lo que realmente esperabas de mí. Querías a la mujer independiente con quien dividías todos los gastos fijos por la mitad, la que resuelve por si sola sus problemas, la que le gustan las fiestas locas, la que no tiene tapujos ni vergüenza, la arriesgada y la que puede verte teniendo sexo con otras mujeres, la que no te juzga, la que comparte una coca contigo, la que tiene una opinión y la que goza de independencia, la que no depende de ti para ser feliz.  Por otro lado, querías a la mujer sumisa en casa, a la que necesita de ti en todo sentido, la que necesita de tu protección, la que deja todo para correr a tu lado, la que te tiene a ti como única prioridad, la que destina todo su tiempo para estar contigo, la que cambia todos los planes y no sube la montaña simplemente para complacerte y pasar el tiempo contigo. Simplemente porque eres la única fuente de felicidad y bienestar. La personalidad de una y de otra son opuestas. Creo jamás tuviste conciencia de ese deseo dicotómico. O puede que nada de esto sea cierto, al fin y al cabo, es solo mi percepción.

Es aquí donde entro a otro de los temas que le han estado dando mil vueltas a mi cabeza. Podemos decir que abrimos un paréntesis para poner de manifiesto mis cojas teorías sobre relaciones humanas. Nuevamente, puede que esto se desprenda de un corazón lastimado y en estado de post ruptura, pero creo que las relaciones de pareja hoy en día y de nuestra generación la tienen muy difícil y tienen cierta propensión a fracasar. Nuestra generación todavía creció con las princesas Disney tradicionales, el príncipe azul y el ‘vivieron felices para siempre’. Crecimos con el tabú sexual, social y religioso y crecimos con la meta social de casarnos y formar una familia. Si, a mis 18 años todavía trataba de llegar virgen al matrimonio. Por suerte no lo logré. No tuve mi primer orgasmo sino hasta los 23 años. Lo sé, difícil de creer. Crecí con la ilusión de casarme con un gran vestido, en una fantástica fiesta y con un hombre llevándome serenata y así fue.

Nuestra generación, en su mayoría (pese a que carezco de datos estadísticos), creció en un seno familiar donde el padre era el principal proveedor y la madre era la principal criadora de los hijos. Por supuesto ya existían madres trabajadoras y padres que se quedaban en casa, pero no era la norma e incluso llevaban cierto grado de prejuicio social, mismo que aun creo permanece en menor medida. Cuando yo era niña comenzaron a popularizarse los divorcios, pero también eso llevaba cierto grado de estigma social. Tan solo puedo imaginarme que si yo, siendo quien soy y en pleno siglo 21, me pesa a nivel religioso y social estar llevando un proceso de divorcio, no me quiero imaginar lo que fue para las mujeres de la época de mis papas.

En algún momento en este blog escribí y critiqué mucho a una expareja que se dio por vencido con nuestra relación y lo comparé con mis papas y con todas esas parejas que llevan años de casados. La realidad es que me he dado cuenta de tantas cosas que me parecían tan simples y románticas y es que no es así. La vida no es una película Disney y el cuento no acaba en ‘felices para siempre’. Suena a una completa obviedad, pero me tomó mucho tiempo entenderlo de verdad.

La realidad es que las mujeres de antes no tenían mucha opción y algunas ni la querían. Para empezar, existía ese estigma social y muchas de ellas no tenían el suficiente sustento económico para dejar a sus parejas con sus hijos. Mi mamá me dijo recientemente, que, pese a que tenía la aspiración de estudiar y terminar una carrera, cosa que hizo, ultimadamente su objetivo era casarse y formar una familia. No existía una persecución real de objetivos separados de nuestro esposo. No había duda sobre seguir a tu esposo a donde fuera que su trabajo lo llevara. El objetivo como mujer era apoyar a tu esposo. No perdamos de vista que estoy ultra simplificando las cosas. Mi mamá también me dijo en algún momento tuvo dos o tres años muy difíciles con mi papá y que poco a poco las cosas fueron evolucionando hasta llevarlos a 43 años felizmente casados. Bueno, Daniel y yo solo tuvimos un año difícil y por lo tanto nos perdimos de 37 años extra de matrimonio.

Regresando al tema, por un lado, antes existía un estigma social, por otro, las mujeres no teníamos mucha independencia económica y quizás tampoco emocional y, por último, no teníamos esta enorme posibilidad de objetivos, metas y aspiraciones. Nuestras aspiraciones estaban directamente ligadas a nuestro hombre y nuestros hijos en su mayoría y las mujeres que tenían aspiraciones y metas eran vistas como bichos raros. En esta época de feminismo esas mujeres fueron nuestras heroínas abriéndonos paso, pero quizás la mayoría estaban perfectamente felices con sus circunstancias, pues era lo que conocían y el ideal con el que crecieron. No pierdo de vista que esto lo derivo únicamente de las pláticas que he tenido con mi mamá y mujeres de su época. Así que mi opinión posiblemente está completamente sesgada. Es mi medicina. Todo esto creo que se traduce a que aquellos tiempo se gozaba de menos puntos de fricción entre parejas y a una tolerancia más alta. Claro, todo esto desde la perspectiva de que crecí en una cultura mexicana, pues, aunque creo que es algo global en cierta medida, los síntomas en distintos países son diferentes y se manifiestan a diferentes ritmos.

Las redes sociales, como muchas personas han hecho notar también, no ayudan para nada. Se ha dicho que en redes sociales llevamos una vida falsa donde todo es feliz y mientras que algunas personas en verdad llegan a extremos para aparentar algo, todo lo demás me parece natural. Por supuesto que todo parece feliz, pues compartimos las cosas que nos traen felicidad. Aunque muchas personas si ventilan sus problemas en redes sociales, la realidad es que la mayoría solo comparte los momentos que le hacen sentirse felices. Esto no quiere decir que estemos creando una versión falsa de nuestras vidas. Lo mismo pasa cuando compartimos cosas de manera verbal con la gente. Aquellos que son cercanos probablemente sepan todo lo que está detrás de nuestras relaciones y nuestros problemas y preocupaciones, pero la gran mayoría de nuestros conocidos solo conocerán también la parte buena, al igual que en redes sociales. Incluso antes de Facebook se tenía la noción de una pareja que por fuera parecía perfecta y a puerta cerrada eran un infierno. De cualquier forma, el tema con redes sociales es que mientras antes nos enterábamos de las parejas perfectas solo cuando convivíamos o hablamos de ellas y eran las de nuestros directos círculos sociales; ahora nos vemos bombardeados por ellas en todo momento y de manera global. Nuestra exposición a las vidas perfectas es exponencial y, por lo tanto, también nuestro deseo y nuestra aceptación indiscutible de que esa perfección inexistente está a nuestro alance.

 Si al aumento de puntos de fricción y a la disminución de tolerancia entre las parejas le súmanos nuestro deseo inconsciente de gozar de una fracción de la perfección que vemos que todos los demás poseen pues… el resultado soy yo. Creo que al ser una generación de transición entre nuestros padres con esa ideología de pareja (y la abnegación de la mujer) y las generaciones futuras de equidad donde nuestros iguales se disputan entre el feminismo y el machismo, las parejas de nuestra generación la tienen sumamente difícil. Creo que tenemos la dicotomía de la casa y la sociedad en la que fuimos criados y de las circunstancias sociales a nuestro alrededor y hoy en día nos vemos influenciados y hasta bombardeados por los nuevos ideales de equidad de género. Es difícil dejar atrás los conceptos con los que crecimos y que se ven basados en las generaciones que nos precedieron para adoptar un nuevo ideal. El resultado terminan siendo hombres y mujeres perfectamente confundidos y atorados en un estado de transición permanente. Posiblemente sea mucho más fácil para las generaciones que siguen o tal vez no.

He llegado a percibir en algunos hombres de nuestra época un ideal de mujer un tanto fraccionado. Ese ideal de una mujer que trabaje, pero no muchas horas. Una mujer que gane dinero y sea exitosa pero no demasiado y definitivamente no más que yo. Digamos que gane lo suficiente “para su rímel”. Una mujer que tenga una opinión pero que también pueda fungir de mujer trofeo y se quede callada cuando debe, que no me lleve la contraria frente a mi jefe o mis amigos, que no me haga ver menos ‘hombre’. Una mujer que tenga sus propios intereses y actividades mientras yo estoy ocupado, pues no quiero que me esté molestando, pero que deje todo de inmediato para estar conmigo cuando yo tengo tiempo libre. Una vez más: que huevos de cabrones.

Honestamente creo que los hombres se llevan la peor parte de todo esto. Al menos toda esta transición significa, para nosotras las mujeres, una progresión, un paso más hacia la equidad de género. Hemos ganado muchas libertades y poderes, voz, presencia. Si bien, pareciera que algunas hemos sacrificado la estabilidad de nuestras relaciones y nuestra búsqueda de una pareja, hemos ganado muchísimo en temas de satisfacción personal y crecimiento individual. Con ello vienen también más exigencias hacia nuestras parejas y eso muchas veces llega a ser intimidante.

Por otro lado, creo que para los hombres es un poco menos claro. Creo que muchas veces ya no tienen claro lo que deben buscar o querer en una mujer y tampoco tienen una idea clara de cómo tratarnos. Entiendo todo el trasfondo de cambiar algunas de las formas, pero creo que un hombre ya no sabe si abrirnos la puerta del coche en la primera cita parta ser caballerosos y al mismo tiempo arriesgarse a parecer machistas por condescender la habilidad de una mujer para poder bajarse sola del coche. No quisiera estar en la cabeza de un hombre decidiendo si debe pagar la cuenta de la cena o no por miedo a parecer machista y reducir la independencia económica de una mujer que trabaja y vive sola o parecer codo y poco romántico al no hacerlo. Pensar que quizás debe decidir entre la madre dedicada a los hijos o la mujer alfa enfocada en su carrera. También se les castiga por querer ambas, pues les decimos que exigen demasiado de nosotras. Nosotros como mujeres sabemos que el objetivo es avanzar, pero ellos no saben si su acción los está llevando a avanzar o a quedarse a atrás y por lo tanto parecer anticuados y otros tantos objetivos. No me gustaría ser hombre en esta época, debe ser muy confuso.

La confusión de la mujer creo debe venir más entre las aspiraciones profesionales y las aspiraciones familiares. Muchas personas argumentan que una no está peleada con la otra. Yo honestamente no sabría decirlo. No tengo la aspiración de ser madre y evidentemente no tengo hijos, aunque muchos de mis amigos y familiares argumentan que eso fue también el efecto Daniel, cosa que no creo y en lo cual no entraremos. Aunque si tengo el objetivo de progresar en mi carrera, tampoco es un determinante para mí. Mi determinante, cursimente, es seguir siendo feliz. Pequeñas y grandes cosas me hacen feliz, desde sentirme útil y buena en mi trabajo, hasta quedarme todo el día en mi casa leyendo y disfrutando a mis gatos. Dormir, comer, viajar, correr y todas esas cosas que podrían enlistar hasta llenar 300 páginas.

Quizás es algo hipócrita de mi parte asumir más sobre la confusión que vive el hombre de ahora que la confusión que vive la mujer, pero no perdamos de vista que todo esto lo escribo para poderme explicar y encontrar un poco de paz en la irreparabilidad de mi matrimonio.

Hasta aquí mi análisis social, Joaquín, en medio de una de mis reflexiones personales sobre mi ruptura.

Por mi lado, sé que no fue carrera o hijos sino hacer esas pequeñas cosas que me hacen feliz las que me separaron de ti. Mis aspiraciones como correr un maratón, subir una montaña, probar mis limites, andar en bicicleta, jugar Pokémon y tantas cosas que Daniel no aceptó en mí, invertir tiempo en mí. Evidentemente para ti fue demasiado el tiempo que te robe. Ultimadamente, y aunque posiblemente tampoco lo digas en voz alta, también el perseguir mi sueño de vivir en Londres. Un sueño que, no omito mencionar, era un sueño de ambos. Posiblemente siempre te recriminaré eso. Aunque acepto que, dadas las circunstancias, no podía continuar siendo tu sueño conmigo. Nuevamente creo que el rol de genero jugó cierto papel aquí, aunque definitivamente no es el mismo que hubiera jugado hace algunos años. Poniendo de lado el hecho de que nuestro matrimonio estaba bastante fracturado, de haber sido yo el hombre, poca duda hubiera habido sobre si mi esposa vendría conmigo o no a otro país.

Principalmente, creo que mi necesidad de querer desmenuzar y resolver cada una de las cosas que pensaba con Daniel, y específicamente sobre Daniel y nuestra relación, también estresó de sobremanera esa relación. “Eres la única persona en mi vida que me saca el tapón”. Esa oración también me dolió muchísimo y posiblemente sea totalmente cierta. Esa soy yo.

La confianza da asco o eso dicen al menos. Desde muy pronto en nuestra relación, tuve la confianza con Daniel de decirle todo lo que sentía y pensaba. Sobrecomunicación. Creo que esto muchas veces no fue bien recibido y volvieron sordos tus oídos. De modo que cuando de verdad necesitaba que me escucharas, no había ese canal de comunicación. Irónicamente creo haber cerrado los canales de comunicación con mi sobrecomunicación. Poco a poco pensé haber encontrado un balance entre lo que decía y lo que callaba. Este balance no fue suficiente para Daniel. No estoy segura de haber podido inclinar más la balanza. Quizás sí. Tampoco nunca fuiste muy bueno para aceptar la crítica, venga de quien venga. “Soy un monstro. No sé porque querrías seguir conmigo”. No, no eres un monstro, pero tampoco eres perfecto. Un poco de humildad y responsabilidad y un poco menos de victimización te vendrían bien.

Desde hace un tiempo vengo pensando todo esto y es posible que me haya formulado todas estas teorías y conspiraciones en contra de la pareja para saciar mi necesidad de encontrar una explicación de porqué tú y yo no funcionamos al final. Creo que incluso bajo la sencilla premisa de ‘aguantar’ un poco más, por parte de ambos, hubiéramos podido alcanzar ese nivel de entendimiento mutuo que tanto anhelaba, el que alcanzaron mis papas y posiblemente todas esas parejas que siguen juntas, hubiéramos podido salir adelante…. Pero pues quizás no. Definitivamente 10,000 km de distancia no ayudan y esa decisión es responsabilidad mía. Una decisión que no hubiera podido evitar tomar jamás. Y estas teorías y pensamientos supongo me dan algo de paz y de resignación.

Tampoco puede faltar el hecho de que nos casamos muy pronto y, en mi caso, muy jóven. Tenía un deseo tan profundo de casarme contigo, de tener todo eso que me prometieron los cuentos. Inconscientemente, muchísimas mujeres lo deseamos intensamente: un vestido de princesa, un príncipe azul, un palacio de cristal. Teníamos tantas ganas de enamorarnos y de que las cosas funcionaran que así fue. Las cosas funcionaron y fueron tal cual un cuento de hadas, hasta que había que construir el ‘felices para siempre’. Tantas cosas, tantos factores, tantas teorías… todo para poderme explicar porque no estás del otro lado de la cama.

Al final creo que solo puedo decir que lamento mucho no haber cumplido tus expectativas y lamento haber exigido tanto de ti. Lamento no haber escogido mejor mis discusiones contigo, haciéndolas menos. Lamento no haber encontrado lo formula de ser lo que querías sin traicionarme a mí misma. En mil millones de sentidos me faltó tiempo. En lo general, hace 6 años y algunos meses, cuando recién te conocí, hubiera tomado las mismas decisiones que tomé hasta el día de hoy. Quizás hubiera escogido otras palabras, otro tono de voz, otros momentos y quizás esas cosas pequeñas nos tendría juntos hoy. No lo sé. Pero si pudiera volver el tiempo atrás, volvería a casarme una y mil veces contigo, volvería a vivir todo otra vez contigo, aun a sabiendas de que este dolor, este abandono y esta nostalgia estarían esperándome del otro lado del túnel. 6 años me bastaron para escoger volver hacerlo todo exactamente igual. A tu lado viví 6 de los mejores años de mi vida y la historia de amor más hermosa, aun con sus malos momentos. Viví una historia de amor que me hubiera gustado durara para siempre, como dijimos. Todos los días pienso algo que me encantaría compartir contigo y son esos pequeños momentos cuando sonrió y se me olvida que no estás en mi vida, los que más duelen. Ese instante en el que recuerdo que no puedo contarte lo que acaba de pasarme, que no te reirás conmigo. Gracias por todo lo que me diste y la intensidad con la que me amaste. Gracias por tomar la decisión de pedirme el divorcio, yo nunca hubiera tenido las agallas suficientes para hacer lo que era necesario. Te extraño tanto y estoy segura que verdaderamente no volveré a verte. Te amo.




viernes, 14 de septiembre de 2018

Hace poco me preguntaron si solo escribo acerca del dolor. Viendo un poco hacia atrás, efectivamente  la mayor parte del contenido de este blog habla de dolor, enojo y muchas veces esperanza y resiliencia, pero efectivamente el tema predominante es el dolor. La verdad es que es completamente lógico para muchos y en mi caso, también. En su mayoría, me considero una persona muy positiva y feliz... en general feliz, satisfecha con mi vida y en paz con mis circunstancias. La razón por la que predomina el dolor en mis letras es simplemente la razón de la mayoría de la gente que escribe, pinta, construye, crea. Es mi manera de sublimar y de poner ahí fuera lo que acabaría conmigo de quedarse dentro. Quizás ese es últimamente la razón de mi felicidad. ¿Aceptación? ¿Adaptación? Este blog lo empecé queriendo verter y gritar todo lo que sentía a aquellas personas que no podía decírselos. Hoy no es la excepción.

Hoy siento un dolor muy particular y profundo. Me parece recordar que hace no mucho dije que el dolor se siente muy diferente a ese quebrar de mi corazón hace 7 años. Quizás fue entonces el inicio de quererme a mí misma primero y con cada siguiente traición, esa necesidad se fue arraigando más y más. Recién acabo de leer [...never depend on another person for your happiness. If someone had the authority to give, then he or she had the authority to take away...]

Hoy no es particularmente diferente. Es posiblemente más profundo, pues me siento perfectamente traicionada. Pero otra vez, quien es diferente soy yo.  Recuerdo muy vívidamente la desolación total que alguna vez me cubrió y me sumió en un eco impenetrable la primera vez que me vi abandonada. Hoy, predomina más en mi la calma y el diálogo interno. Reconozco una ira flamante en mí pero más controlada. Soy distinta y quizás la traición ya no me toma tanto por sorpresa. Hoy tal vez no soy incendio sino llama.

Hoy hace 5 años me casé con el hombre a quien más he amado en mi vida, bajo las circunstancias más hermosas y antes inimaginables para mí. Junto a él viví mis recuerdos más preciados y construí la amistad y complicidad más plena. También dolí los más fuertes apuñalamientos. Me encuentro sentada en un avión, esperando despegue y me lleve de Cuzco a Arequipa en Perú. Me lleve a un hotel que escogí con mucho detenimiento e incluso pedí tuviera algún motivo en la habitación para festejar nuestro aniversario. Festejar que este se había salvado un año atrás, cuando me vi tan perdida que nos perdí a ambos. Por la noche tenemos reservación en el mejor restaurante de Arequipa, misma que hice con varias semanas de antelación. Nuestro aniversario el año pasado casi termina en ruptura y quería que este fuera perfecto. ¿Quizás sólo fue una crónica de un divorcio anunciado? Yo estoy sentada en un avión que me llevará a Arequipa y él, posiblemente tomando su primer café en un hotel en Cuzco.

Ayer, hasta donde entiendo, que la verdad no es mucho, te hice explotar. Elegí subir una montaña, como teníamos planeado en nuestro itinerario realizado con profundo amor y cuidado semanas atrás, platicado en diversas ocasiones y en detenimiento y no elegí pasar esas horas contigo. Vivimos en continentes diferentes y viaje 9777 km de Londres a Perú para encontrarte. Para mí las cosas siempre han sido muy simples y quizás tendría que haberme dado cuenta que dentro del contexto de nuestra relación y nuestras circunstancias, esas horas separados y mi decisión de subir la montaña sería lo que definitivamente nos llevaría al divorcio. En mi cabeza fue subir a la montaña de Machu Picchu y probarme a mí misma que todavía soy capaz, que mi cuerpo es mío y fuerte y que puede volar. Para ti fue un abandono donde tu esposa no quiso pasar cada segundo de estos minúsculos 10 días contigo. Siempre hay algo más importante que tú y siempre tengo algo mejor que hacer que estar contigo. Así lo sientes y lo entiendo. Me jacto de ser muy empática y de poder entender a los demás y sin embargo no pude ver lo que separarnos en ese momento podía significar para ti. Para mi fue algo muy simple... unas horas. Que ingenua. Para ti fue la confirmación, completamente equivocada, de que no me importas y de que no eres mi prioridad. Perdóname por no ver. “Estoy harto de tus proezas deportivas, tus maratones, tu pokémon y tus pendejadas. Estoy harto de siempre estar esperándote y de que siempre tengas algo mas importante que hacer. Eres la única persona en mi vida que me saca el tapón. No quiero estar contigo, Andrea. No me gusta como eres.”

Este último año fue un descubrimiento de mí misma y un empoderamiento y valoración de mí que poco a poco había perdido. Vuelvo a leer la descripción de este blog y nunca ha dejado de ser cierto y jamás ha sido tan cierto como hoy. Demasiado libre, apasionada, arriesgada y salvaje para mantener los pies en la tierra. Tomé mi vida en mis propias manos y me di la total prioridad. Me aseguré de cuidar mi corazón, mi alma, mi cabeza y mi cuerpo que acabé protegiéndome de ti y a la larga eso determinó muchas de mis actitudes, acciones y palabras. Incluso las de ayer. Quizás mi confianza en ti nunca se resarció por completo.

Hoy no hay vuelta atrás. Estoy sentada en un avión con tu asiento vacío junto a mí. Ayer hice el check-in en línea por ambos, por lo que, pese a que le he dicho a la tripulación en repetidas ocasiones que no vas a tomar el vuelo, no dejan de preguntar por ti y vocear tu nombre. Cada vez le provocan una punzada a mi corazón. Seguramente estarán haciendo lo mismo en la terminal.

Me siento profundamente lastimada, ingenua, ciega, estúpida y culpable. No volveré a verte. Me has pedido el divorcio completamente seguro de ello. En total resignación he contactado a un abogado, quien bajo un poder notarial firmará el divorcio por mí, mientras yo me mantengo a salvo y distante en Londres. Irán en mi nombre por el resto de mis documentos y de mis cosas a tu casa. Y yo, pasaré el resto de mi vida tratando de no volver a encontrarte. Ayer me despedí de tus hermanas esperando no pudieran notar el tono de despedida en mis palabras. No creo tener la misma oportunidad con el resto de tu familia que aún considero mía y a quien amo con el alma. Te amo y te odio. Dudo que eso cambie. Es hora de despegar.

domingo, 21 de enero de 2018

Déjà vu

Hay una extraña familiaridad en esta resignación. Nuevamente el acogimiento de 4 paredes blancas, vacías. El recuerdo del reconocimiento del sonido de una puerta al retumbar en su cierre, se vuelve a hacer presente. La vendimia despersonalizada de mi vida es inminente, un boleto de avión sencillo. La soledad de una mañana fría me impide salir de la cama. La resiliencia y la determinación se sienten un poco distintas. No hace falta agudizar demasiado el oído buscando oír evidencia de tu presencia, pues el silencio se rompe instantáneamente con el retumbar de 8 patas que rebotan por las paredes. La luz del sol se posa diferente sobre el concreto. El tiempo, los meses y los arreglos saben distinto. Y mientras intento distinguir las notas que apartan un momento de otro, mis sentidos se erizan cuando el sabor amargo se apodera de mi lengua, de mi garganta, de mi estómago. Esa conocida y recurrente sensación del inminente vomito. Es por eso que me paso la vida corriendo.

Me envenena el dolor, la nostalgia, la rabia. ¿Cuál es esa necesidad de arrebatarme mis tiernos recuerdos? ¿Porqué esa insistencia de amenazarme con dulces esperanzas? Y es que me castigo con la mirada en el espejo. Me comporto como niña tomando dulces de un extraño. Me irradia la esperanza de un futuro de sueños, con esa idea fortuita de un gran cambio, una misión de rescate, el amor de mi vida, mi familia. Me sabe a gloria, me sabe a triunfo, me sabe a eso.... a amor. Y luego..... ya debería saberlo a estas alturas: la esperanza en este tipo de cosas solo sirven para matarte desde dentro. La esperanza se cuela por mis poros, sin detenerse ante las murallas construidas. Se aloja sigilosa e indetectable en la esquina más recóndita de mi corazón. Va echando sus raíces en él y se alimenta, creciendo, evenenando mi sangre de luz que parece eterna. En un arranque de cinismo, lo que parecía enterno se consume y esfuma como si esa siempre hubiese sido su condena. Y en mí solo queda amargura, dolor y el llanto que lleva tu nombre. Es por eso que me paso la vida corriendo, huyendo.

El dolor se siente dueño de mí y alzando la mirada se encuentra con un dolor viejo de traición.  Se entrelazan las heridas de un viejo amor y de la traición más profunda. Hay una extraña familiaridad en mis días, pero es justamente esa familiaridad la que me recuerda como actuar. Porque no soy quien era hace 7 años. Hay algunas capas más de acero que le dan estructura a mi cuerpo y a mis alas. La necesidad imperiosa de correr y huir hoy es más bienvenida que nunca, perfecta para mis circunstancias. Hoy el dolor me encuentra con mayor serenidad. Le doy la bienvenida como dos viejos amigos. Hoy lo acepto y entrego mi sangre y mi lengua ya sin miedo. El dolor se ha hecho un nuevo idioma en mi boca. El incendio en mí se calmaba y el demonio vigilante enfriaba la cera de mi cuerpo mientras escuchaba tus promesas: amor eterno, confianza, empatía, paciencia, verdad y principalmente una negación del recentimeinto, del rencor que te inspiro. Y es que eso es lo que representa mi boca para ti, un manantial que alimenta tu rencor. Ya tu sentir ha decido no perdonarme cosas que aún no seceden. Tu boca promete y tu corazón destruye. Mis oídos creen y mis pulmones se ahogan en el veneno de la esperanza. Nuevamente comenzaste a tomar el título de propiedad de mi tiempo y de mi espacio, donde no existe espacio para ser quien soy. Nuevamente cambias tus promesas,  negando tus propias palabras, argumentando que jamás salieron de tu boca. Una vez más escucho el odio en voz: “Tú eres la que se va a perseguir su sueño”. El tono acusatorio obligado. Hay cosas que no cambian. Es por eso que yo me paso la vida corriendo, huyendo, dejando atrás aquello que me hiere.

Quizás ambos tienen absoluta razón, siempre han tenido absoluta razón. Hoy y 7 años atrás he pecado siempre de egoísta. He buscado apaciguar mi dolor, mi tristeza. He trabajado por alimentar mi propia felicidad, mi bienestar, cultivar mi tiempo y gozar mis experiencias. Quizás soy demasiado egoísta para pertenecer a alguien. Me he entregado en mi totalidad, todo lo que tengo, pero el título de propiedad sigue siendo mío. Sigo siendo mi primer amante, sigo siendo mi única hija y mi mayor responsabilidad. Nací para compartirlo todo menos a mí misma. No conozco la abnegación de una mujer perfecta. La mera palabra me causa repudio. Hace cinco años te conté mi mayor miedo. Me pregunto si aún recuerdas cuál es, pues lo desempeñas a la perfeccion. Es por eso que me paso la vida corriendo, huyendo. No volveré mañana.

viernes, 19 de enero de 2018

Hanging Tree

“Come little children,
I’ll take thee away 
into a land of enchantment. 
Come little children,
the time’s come to play
here in my garden of shadows. 
Follow sweet children,
I’ll show thee the way,
through all the pain and the sorrows.
Weep not poor children,
for life is this way,
murdering beauty and passions. 
Are you, are you coming to the tree?
They strung up a man,
they say murdered three. 
Strange things did happened here. 
No stranger would it be 
if we met at midnight in the hanging tree.
Hush now dear children. 
It must be this way. 
Weary of life and deception.
Strange things happened here. 
No stranger would it be 
if we met at midnight in the hanging tree.”

Impossibility

And here I though it could actually work.
And here I thought you spoke the truth.
And here I thought that you could change.
And here I thought we could thrive.
And here I thought I could heal.
And here I thought I could let you back in.
And now I realize what I wished to be,
is scarred by impossibility.