De nuevo esa sensación de querer huir. Te presto mi maquillaje y mi cuerpo cubierto en seda por una horas. La hora mejor pagada de mi vida. Voy a encontrarte en un hotel de lujo a la salida del aeropuerto y a recorrerte con las manos un cuerpo inerte. El disfraz de puta me sienta bien. No tengo domicilio ni código postal, no tengo maleta.
Al fondo de la mesa está el tipo que siempre habla demasiado, el que quiere verte de nuevo y no han pasado ni cinco minutos. Ese que ordena la botella de champán y está completamente borracho una hora después Ese mismo que ha intentado enrollarse con cada una de las muchachas del bar. Te sientes caritativa. Podría vivir así, de puta. Te seduce la idea Te seduce el dinero e infinitamente te seduce la soledad. El amante oportuno que es el éxtasis en tu lengua. Ese sabor artificial que se disuelve mientras juegas a no tragarlo. Me acerco a la ventana para ver a la pareja del edificio de enfrente. Ella tiene las manos contra el ventanal, completamente desnuda. Me mira jadeante mientras él la penetra por detrás y le aprieta las tetas. Sonríes. Sonríe de vuelta. Como te gustaría tener sus piernas morenas alrededor de tu cuello, comiéndole los labios.
Y a todo, ¿ cuál es el punto? ¿ Cuál es la necesidad de vendarme los dedos con listones negros? ¿Cuál es mi necesidad de registrarme de hotel en hotel para dejar que hagas de mi casa tu hogar? Me echaste y cambiaste todas mis fotografías y hasta te deshiciste del tapete de mi baño. Y de nuevo estoy aquí sentada en el piso de un bar preguntándome ¿cuál es mi necesidad? Mis necesidades son tan pocas y sin embargo me esfuerzo por parecerte una persona integra. En un mundo de huecos y hoyos negros la masa y mi gravedad les parece insultante. Por su parte la ironía de la mis alas de miel les pone a rabiar. Me río.
Si mis únicas maletas son mentales, si mi único equipaje son recuerdos, qué me ata si no es mas que cada parásito en las ventanas de casas familiares Soy un fantasma en una cocina que resuena con el eco de niños llorando, narcisistas, ingratos. tengo larvas en las manos, llevan ahí semanas comiéndome la carne podrida. Tengo agujeros en los senos agusanados. Se multiplican y dejan sus huevos. Y es que todos los demás están huecos. Y es que en mí encuentran carne para comer. Tengo órganos que habitar, un sexo al cual penetrar.
De nombres solo tengo sopas de letras revueltas en un tazón de caldo, ingratos de las bocas que los pronuncian y aferrados al papel sobre el cuál se imprimen. En el aliento resultan efímeros y helados, gustosos de ser pronunciados se pierden distantes en el vapor de dos labios y una lengua que mojados se seducen para darles vida. A la merienda un plato de caldo con letras de pasta y para desayunar los amores de mi vida en un tazón de leche bajo en grasas. La crueldad ajena me parece tan vana y sin embargo la mía me parece tan natural, tan satírica, tan autodefensiva No puedo pertenecerle a nadie, no más. Me guardo con rencor de las miradas que se ocultan detrás de un par de anteojos sin fondo. Incluso me guardo del dichoso amor. De mi amor soy presa so amante soy pareja sexual y compañero de baile.
Es crueldad pura la que me tienta a fugarme, a cumplir esa famtasía de tantos años, esa agonía de tener un pasado, de tener un... un nombre. Un nombre de seis letras que se contiene en cuatro. ¿Dónde quedo esa tilde esquiva y sin recuerdo? Quizás mañana salgo huyendo, pues tiendo a pensar que tengo toda una vida para huir. Preferiría provocar la rabia que sufrir el silencio. Preferiría sentir la piel abrirse bajo la pesadez de un golpe que temblar con la caricia de unos dedos. No busques mi límite, no busques mi horizonte pues puede que te resulte mas cerca de lo que crees.
Me levanto de la cama y sonrío mientras mi mente regresa al papel mecánico que mi cuerpo desempeña en su ausencia. Otro cuerpo jadeante y satisfecho yace sobre las sabanas característicamente blancas de un hotel. Me abotono la camisa despacio dejandole gozar la vista de mis nalgas desnudas. Cuento el dinero dispuesto sobre la mesa mientras me pongo los zapatos.
-Tienes mi número.-
Cierro la puerta tras de mí.
Cierro la puerta tras de mí.