viernes, 8 de junio de 2012

Monólogo de 400 Voces.


Bebo, bebo y bebo. Te escucho inundarte en una taza de apellidos y definiciones. Me baño en hojas de té buscando volver a mi cinta. Te escucho arrullarme, contarme historias que te fueron, te vinieron, te cogieron. Quiero pensar en los papeles que desempeño. Y pensar que fue mi transparencia, mi cristal el que acabé por mostrarte. Mi pudor, mi vergüenza, siempre ausentes.

-¿Quién te invitó a mi balcón? –
-¿Acaso fui yo? –
          -(¿"a caso" va junto?)
-Fui yo.-
- ¿Qué busco? –
-¿Que buscó?- Me dice ella, ella encerrada siempre en el espejo que habita.
-¿Será?-

 A variar con las preguntas que me gimen siempre. Me tejen la falta de respuestas.

-No sé qué decirte.
- No sé qué hago.-
- ¿Qué juegas?-
- Nada.-

 Me coge este dialogo monologuizado de 400 voces..... (repite conmigo) mo-no-lo-gui-za-do. 


Dame tres hojas para limpiarme las sonrisas que se me bajan por el cuello. Ya me despedí del hacha, la pluma, mis círculos. ¡Ella! Deja ya de acosarme en el espejo. Me repruebas. 


-Me da miedo mi miedo,-
-mi falta de miedo,-
-mi búsqueda de control.-

 Te estoy buscando y eso me aterra.

-No quiero buscarte,-
-no quiero procurarte.-

-¿Será que no quiero quererte?-
-¿Será que te encontré y quiero perderte?-

 No es mi estilo. No es mi fuerte.

Me hace compañía una arañita coqueta, chiquita. Sube, sube, sube, sube. Arañita, rañita, ranita.................... 

Volviendo a encontrar puntos suspensivos para suspender un nombre suspendido también por múltiples tildes.

Suspensión.

El tuyo: un simple acento tácito.  Mantengo oraciones en mi cajón. No encuentro esas definiciones que circundan la taza de un té caliente intentado traerme calma.

Tres parrafos, 15 líneas y 275 palabras….. ningún sentido.

Tus manos me recorrieron y me sangraron, y el placer olvidado en un dulce de orgullo con menta. Hace mucho tiempo pensé en escribir algo sin sentido. Pentagramas vacios sin silencios, solo con destiempos y malos acomodos.

Pista 10 y le busco sentido a mis palabras. No encuentro oraciones completas solo preguntas. Ínsito en esta auto inquisición. Me hace falta el fuego, la hoguera. Tal vez una soga al cuello.  Siempre pienso más claro con una soga al cuello.

La pregunta del millón:
-¿Qué estoy haciendo? –
-¿Me gustas?-
- Me gustas.-
-¿Me gustas?-
-Agh.-, Me auto desespero.

Para colmos basta con anunciar que desde que despedí a ese mi editor, no ha querido pasarse por mi sala nunca más.  

Y lo mejor:
-Te gusta como escribo.-
-Te escribo.-
-¿Porqué te escribo?-
-¿Cuántos días llevas en mi vida?-
-¡Y te escribo!
- ¿Por qué te escribo?-
-¿Quién te crees?-
-¿Quién te creo? -

Vuelvo a empezar.

Hola. Te conocí, te escuché, te reí. A dos pasos, ajetreada y burlona intentando alzarme, calentándome las piernas y vistiéndome con todos los puntos suspensivos que pude robarle a mis pensamientos. No pudiste haber dicho más de 50 palabras y me interesaste. Nada particular, nada verdaderamente relevante, colocando un recordatorio en un pizarrón de corcho en algún lugar próximo las áreas 39 y 40 de Brodmann.

" : se refiere a la evocación inmediata del material presentado o la evocación durante un repaso ininterrumpido. Tiene una capacidad o amplitud limitada. Se evalúa mediante la repetición de dígitos, palabras, frases, secuencias de bloques, ritmos, etc. La memoria verbal a corto plazo está mediatizada fundamentalmente por las áreas de las circunvoluciones angular y supramarginal del hemisferio izquierdo."


 Y luego deliberadamente te busque, te provoqué, te suscité.


-Quiero escribir una tarjeta de cumpleaños.-
-No me importa a quien.-
-Claro que importa.-
-¿Quieres escribir una tarjeta de cumpleaños?
-Ay, por favor.-
-Quiero sentirme importante.-
-Me soy importante.-
-Quiero sentirme responsable.-
- Pero sobretodo quiero ausentarme de mi presencia.-

Quiero olvidar la prudencia y quiero nadar en el  río a la esquina de mi casa.

-Quiero cerrar la puerta,-
-trancarla-
-y dejar de recibir visitas.-
-Quiero cerrar la cocina,-
-colgar el mandil.-
-Quiero estar sola.-

Eso quiero. Quiero estar sola. 

-No sin ti,-
-solo sola,-
-físicamente,-
-sola,-
-denme un rato.-
-Quiero tiempo para estar sola.-

Por eso ya no escribo. No escucho lo que pienso. Me cansé de tratar, de entretener. Quiero estar sola. Por eso no te comprendo por eso no te encuentro en mi persona. Es por ello que no he podido definir quién eres para mí o incluso simplemente quién eres.

-He intentado protegerme,-
       -(¿de qué?)-
       -(¿explícame cómo exactamente?)-
- informándome de tu vida.-
- ¿Y luego?-

Otra pregunta de millones. De nada me sirve. Me entero de todo y de nada. Y ni si quiera es que quiera o no enterarme. Simple morbo. Parecen estos días parodias de mal gusto.

Y mi conexión contigo:
-tus ojos,-
-tu boca,-
-tu lengua,-

Mi deseo por ti.

-Se me antojan tus labios,
-tus huesos,-
-tu tinta,-
-tu carne,-

 Me ahogo en tu voz.

-Más importante,-
-más peligroso,-
-más inquietante:-

 le maúllo a tus pensamientos.

-Quiero ararte la cabeza.-
-Quiero beber de tus palabras,
-tu música,-
-tu cabeza.-

 Me encanta tu cabeza.

-¿Volvemos a hablar de trépanos?-

 Escojo con cuidado mis palabras y mis movimientos para la actuación perfecta y es cuando mi cuerpo y mi voz me traicionan y te regalan mi realidad, solo mi verdad, mi trasparencia.

-¿Quién te nombro acreedor de mi realidad?-
-Sin buscar nada-
-y buscándolo todo,-
-encontré bastante.-
-¿Será eso lo que me aterra?-

 De nuevo te pondero en la posibilidad de haber encontrado algo que
-¿buscaba
- no buscaba?-

A veces te creo y a veces no. Es esa experiencia de saber reconocer las mentiras.
-y tus verdades suenan a mentiras-
-y sin embargo son verdades-
-¿son verdades?-

 Mi naturaleza te cree, mi experiencia te duda.

-Maldita experiencia.-

 El dolor me tiene sin cuidado.

-entonces ¿porqué me reservo?
-¿porqué me reservo contigo?
-¿Porqué te entrego todo
- y nada?

Y sin embargo, a una semana te entregó todo. Te vomito mi verdad , mi vida entera.

-¿Qué haces?- Me sigue gritando la reina del espejo.

Perdóneme majestad. Estoy entregando su cofre cerrado con esos agüeros perfectamente colocados para dejar entrar el aire. El vecindario del adiós se alborota y los fantasmas agitan sus cadenas golpeando los tablones que atrancan las puertas. Los civilizados me miran recorrer la pedrería del vecindario, escandalizados.

-Me conocen,
-nos conocemos-
-y hoy me desconocen-
-y hoy no logro hacer que me reconozcan,-
-su dueña,-
-su gestora.-

Quiero un regalo. 

Vuelvo a empezar (segunda parte).





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