viernes, 8 de junio de 2012

Año Nuevo 7/Ene/2012


Este año se me vino y se me fue, sin dar pie a albures. Es sin duda uno de los años que más lágrimas me ha cobrado, pero también son aquellas que más dulces me han sabido. Quizás en una vida entera no podría haberme llenado de tanta satisfacción como me siento ahora al cerrar el año. Me alienta el saber que aun tengo mucho mucho por lograr y retos que imponerme, personas que amar y amor que recibir. También debo decir que es posible que jamás me sintiera tan amada y apreciada en este año como en cualquier otro año de mi vida. Mi familia, mis amigos, los viejos y los nuevos, mi expareja, claro, cuando no exista el prefijo.  

Creo que hoy es pura emoción lo que me sobre vuela de mis pies para poder escribir. En jamás existe tanto y tanto espacio para tantos quizás.  Tanto que me regalo Dios y la vida este año. Tanto y tanto que me obsequié a mí misma. La tradición risueña de barrer malas vibras, echar el agua fuera y correr con maletas en mano, con la que empecé el 2011, puede bautizar fácilmente lo que escribí a pulso en este último capítulo. ¿Dónde quedan los puntos y los cambios de párrafo? Ni siquiera sé dónde ha terminado un libro, una secuela, dónde a veces rima y en ocasiones se escucha una total disonancia.

Puedo decir que las veces que me abrí las rodillas tanto metafórica así como literalmente hablando son cuestiones en esta vida que te hacen recordar que es precisamente vida lo que tenemos, que estamos vivos. Aprender a gozar en el dolor es un regalo que muy pocos entenderían. Una cualidad de la que me hago orgullosamente acreedora. El mantener la ligereza de corazón y de talones como aprendo cada día de mi Madre. La fidelidad, la lealtad y el entrañable compañerismo del que soy testigo entre Mamá y Papá. Y es Papá precisamente quien me ha enseñado las más grande heridas y la pasión para levantarse y de desplegar con orgullo las cicatrices que tanto le han costado. En una comparativa burlona con Bruce Willis, siendo aquel que le grita de cara a la muerte que haga de él lo que le plazca y que sin importar cuantas veces le acompañe en la cama y nuevamente partiendo por la mañana, habrá de desperezarse, comprender sus posibilidades y lograr aciertos con ellas. Porque hoy no se nos regalo nada que no nos mereciéramos. Papá, Mamá, hoy  continúan enseñándome como se ha de vivir. No me leccionan, es su ejemplo el que me impulsa. Son estos días, todos los 365, buenos y malos, incluso los neutros, incluso los de hueva, los de desvelada, los engordadera, todos, todos se los dedico. Pues una vez antes ya lo he dicho. El día de hoy soy quien soy por ustedes. Hoy por hoy vivo enamorada de mi vida, con la pasión con que me levanto cada día…. Incluso cuando no puedo levantarme. Son las ganas de vivir con las que me han inyectado cada instante.

Este año comenzó con decisiones fuertes, donde sin saber realmente cual sería el resultado final tomando cada vuelta, cada esquina, con esa sarta de trámites y papeleos que ya hemos abordado antes, el rechazo de mi primer proyecto de tesis. Un material en el que tenía más de un año trabajando. Mi tiempo primero como funcionario público. Un puesto que me inundó de amor por México, de pasión por sus problemas, de cariño por mi gente. Que debo dar a cada quien su crédito, no fue simplemente por logro propio. Mira que viendo dentro de mi propia familia extendida, el día a día de un puesto público, la convicción y los obstáculos. Más sin embargo el crédito principal por mi rejuvenecido amor por México saben bien a quien se lo debo. Un nombre que aun no me atrevo a mencionar pero que le guardo con cariño en la memoria.
Fueron también todas esas noches y días de vivir en un ambiente domestico adoptar nuevos roles con ese nombre de cuatro letras y una tilde. Si si, como ya lo hemos mencionado antes. Esos roles y capacidades que describí en mi misma para a ser la mujer tradicional y moderna, extravagante y conservadora, el ama de casa, y la aspirante a maestría en criminología, de los dos extremos viviendo a su lado construyendo nuestro propio techo. Las diferencias en nuestras metas, convicciones y toda aquella lista de cosas que la gente quiera nombrar que nos separaron. Simplemente fueron nuestros distintos tiempos. Porque como alguien alguna  vez me dijo, es el estar a destiempo lo que rompe las relaciones. Y eso precisamente encontramos en un pentagrama sin notas. Un destiempo, ni siquiera un silencio.

Nuevamente fueron los brazos familiares los que me ayudaron a recoger cada uno de mis pedacitos, de esas migajas que se me fueron cayendo, quienes avivaron la luz de mi espíritu. Fueron los brazos familiares, mis dos mejores pulseras de lana. Esas que son de gala entre cabrones. El cuerpo limpio de una mujer ácida a quien preste mi exclusividad, mi fidelidad, mi compromiso. Tres cómplices.

 Fueron también las escapadas de noche, las comidas de dos para hablar de sueños que no me dejaron ni por un momento olvidar donde estaba mi meta. Ese tan mencionado rinconcito de cajeta en Los Remedios de mi corazón de repuesto.

Teclazo a teclazo seguí construyendo el siguiente eslabón de lo que iría formando mi cota de malla. Siempre en guardia y aun con la misma ligereza con la suficiente prudencia sin perder la fe en las personas que pueda encontrarme y que a cada tiempo decidan caminar a mi lado para después partir camino. Siempre dejando fotos y recuerdos  tapizando las paredes de mi corazón, mi memoria y mi sistema límbico. Sabiendo que volveré en algún momento a encontrarme con heridas nuevas y con gozos sin precedentes.

Así pues terminé mi tesis, se aprobó en la dirección y presenté mi examen profesional.  Me convertí en licenciada. Cinco años de mi vida invertidos en mi alma mater. Quizás pude haberme esforzado mas, quizás pude fiestar menos. Pero no, así fue, así lo viví, así lo gocé, cada momento. Por primera vez en muchos meses el ritmo de mi paso empezaba a darme aliento y sin embargo me dejaba con diez días para encontrar mi centro y despedirme del país del que recientemente me había enamorado a pesar de haber vivido veinticuatro años en él. Me despedí de él en su debida forma. Tomé uno de sus estados como mi amante personal y me deje acariciar, besar y hacer el amor por la tierra. Me deje gozar por la selva, sus aguas, sus sonidos y la gente…. La comida. Claro mi apetito siempre al pie de mis muñecas.

Volví a la casa paterna por quince días y me sentí niña pero a la vez madre. Me di cuenta de cómo los papeles se invierten. Como los hijos tomamos otros papeles. En el nido vacío el amor de mis padres se palpa más que nunca, se saborea. Un amor de tanta complicidad tanta lealtad, donde siempre hay un secreto entre ellos que nadie más entiende. Como se han vuelto a descubrir y a construir una nueva relación. Novios de nuevo casi. Novios con cuarenta años de casados. Que envidia. Mi boya perfecta. Mi esperanza.

Poner pie en un nuevo huso horario en una gama de grados centígrados ajenos a mis tres capas de lana, algodón y quizás una piel sintética y una maleta de más de 23 kilos. Encontré una nueva familia de dinámica tan distinta que me acogieron sin preguntas y lo que es mas sin, respuestas. Entrar a una casa ajena con todos los privilegios, las cortesías y las monerías de tres niños pequeño y… un diablo adolescente. No, no es sentido tierno y mucho menos figurado.

Sobre ruedas me abrí paso en una nueva ciudad, en nuevos libros y nuevas aulas. La desenvoltura de la lengua traducida, los coloquialismos, los acentos, los amigos.  Las discusiones y debates avivados por las diferencias culturales y de acentos siempre enriqueciendo las palabras de quienes son nuestros tutores.
Se me viene tarde a escribir esto y sobre todo a escribir de ese graznido tan particular que cuelga de un vértice de mi cuello. Cómplices en un país extranjero. Dando la bienvenida al año nuevo con deseos y fuegos artificiales, compartiendo la Navidad con dos personas tan distintas a mí y a la vez tan parecidas. Encontrar el compañerismo en más de 7 décadas de sabiduría. En la otra esquina agregué con un amor negado bocados a mis muñecas robándome un cariño que no me correspondía y que quizás no debí permitir.

En mi soledad redescubrí mi propia sensualidad, mi moda, mi andar, mis manos y mis dedos, mis propios labios y mi lengua. Me pude reconocer reflejada en una pared blanca y recostada en sabanas negras.
Ya de por si me alargué y no puedo concluir y no puedo abarcar todo aquello que este año me regalo.
Mi tan olvidada y tácita voz. Se puede decir que me reinvente y sin embargo sigo siendo la misma de siempre. ¿Y quién soy yo? Yo soy 44. Yo soy yo. Yo soy. Feliz 2012. Bring it on. 

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