27 de Junio, 2012.
Al galope de cada nota estoy sentada. Esas voces que a silencios alimentaban una a una mis dudas empiezan ya por relamerse los bigotes. Hacen frente al ladrido y lloriqueo de miedos infundados; esas fobias al pánico mismo tan solo nutridas por las manos de un reloj cauterizado.
Dos pares de pies se acarician en el desperezar lento del sol que madruga. Él ve partir el monótono hastío de una línea de colmillos partidos. El café espera ardiendo en la cocina en la absorción distraída de tu mirada. Anoche intenté ocultarte tras la cortina de mi pelo, celosa del aire que te llevas a la boca. Desnuda, ella encamina tu olvido del mundo que, imparable, continúa ahí fuera. Un sol extendido toca en la ventana desnuda. Esa mano inquieta y mordida lo guía a tono español a otro escenario. Siguen ambos esa coreografía natural y espontánea que delinean sus pasos. Baila conmigo. Tararea esa composición tuya a mis orejas bien puestas. Envuélveme en tu ritmo para olvidar toda concurrencia de un piso de mármol
Cansada, lleva sus manos dormidas para acariciarle la espalda. Él vuelve la cara para encontrarle los labios. Sigo el camino de migas desperdigadas que son nuestros momentos. Oraciones escapadas, esporádicas, discontinuas de una historia sin prisa. Déjame hilar los instantes que robados, se van posando en el pentagrama que es mi escribir contigo. Quiero vendarte el alma para escuchar uno a uno el recuento de tus voces, de cada uno de tus nombres.
Es precisamente el número que designa este día el que me torna egoísta. Déjame pedirte tus 34, y si me concedes después, tus 35. Déjame robarte el escaparate a tiempos de un cachorro cazador de vampiros en Broxbourne, Essex. Seré presa, seré maraña de cabellos altivos en la disparidad de ideas tan opuestas que encuentran la perfecta armonía en un mismo proceso de pensamiento.
Una noche, entre los hilos de vapor tejidos de alcohol, deje escapar tu nombre. La traición de mi lengua bebida se vio avivada en una cadena de burlas por mi interés, recién tangible, de tu letrada boca. Hoy por hoy, la distancia, desde esa noche hasta el trote de cuatro patas díscolas que duermen al pie de mi cama, pudiera parecer camino de atajos. Pudiera parecer, repito, sin embargo, mis manos de roca se tornan deleznables bajo la amenaza del tintineo de tus llaves. Aun contrariada, tu voz, tu música, la historia de cada palabra, cada nota, las caricias de tus dedos a las cuerdas, descalzan mi aprensión.
Y… y me permito fantasear a tus espaldas. Me permito jugar en la posibilidad de lo improbable, de lo lejano. Es ese el espejo de carne que comparte nuestros nombres, el que sin sospecha ha engendrado en mí una curiosidad esperanzada. Que si de la esperanza nos hacemos líneas, ese gusanito de luz y yo llevamos una relación disimuladamente estólida. Pero esos son secretos que guardo aun, para dejar que seas tu quien los encuentre. Ara en es ese rinconcito de privacidades, en un nombrado ‘espacio de confianza’ para las disimuladas ocasiones, en las que tu respuesta o la mía, lleven por encabezado un ‘no’.
No buscó tus explicaciones, no necesitas de razones. Tengo las propias y las propias me bastan.
A intervalos te muestras confundido por la falta de una realeza auto-adjudicada. En un reino de princesas de cinturón de castidad y descoronadas, somos los gatos los dueños de cada eslabón sin uso, cada cadena empolvada, cada campana al cuello para convocar a los ángeles. No me hacen falta grilletes, ni contratos y mucho menos un teléfono de enlace directo al cielo. La imposición tácita de bozales y sellos me vienen de sobra.
Hoy te hago entrega expresa de nuestro apetito, el mio y el tuyo, el tuyo en el mio. Si en tu copa de vino encuentro mi papel objeto, si en tu sobremesa haces de mí tu digestivo, llévate lejos esos ‘valores’ excedentes. No hagas caso del escandalo que asalta tus ojos ni de la certeza que ensordece tus oídos. Los has llamado mis extremos. Ese mi apetito fotografiado sin censura, sin tenedores, mi locura sometida, es tuyo. Es de tu saber mi devoción, mi inhalación, mi besar de cruces, mi credo inconforme a raíz de sotanas vacías y sus gritos de conversión. Lo que a tu conocimiento has nombrado como mis dos polos. Son tuyos. Mis altas, mis bajas, mis alejados puntos cardinales, mis verdaderos extremos, eso y mas te confiero.
No conozco la certeza de mañana, pero son mis distintas voluntades, mis ¿qué’s?, los que se ocupan de elegir estaciones y paradas de un caminar, al fin y al cabo, entrópico. No vivo en pos de una oración suicida que busca de un punto final. Te presento envueltos para regalo mis puntos suspensivos, las comas y hasta los puntos y seguidos. Te empeño mi ortografía imperfecta para escribir sin censura capítulos extendidos sin edición. Soy de pasta dura y hojas de arroz para gozar de mis amantes favoritos: las interrogantes culminadas en un grito excitado del signo de exclamación. Y así, por ultimo te bautizo con cinco letras en la pila de tinta: Quien.
¿Mi diagnóstico? Quimera. ¿Mi pronostico? Entelequia pura. ¿Psicosis optimista? Con gusto.



