Soy una criatura del bajo mundo; Soy todo acerca de las experiencias, la pasión, los riegos, acerca de los retos, el amor, soy todo acerca de la vida. I am a creature of the underworld; I am all about experiences, about passion, risks, about challenges, love, I am all about life.
lunes, 18 de diciembre de 2017
domingo, 10 de diciembre de 2017
Demonio de Incendio y Cera
Todo comienza en silencio. La ausencia de sonido que a mí me silenció. Ese regaño sordo de mirada acusatoria que me tiene envolviendo mis piernas contra mi pecho sentada en un olvido completamente vacío. La sangre hierve terriblemente herida. La bilis que ha secado mi hígado enfermo y envenenado se mezcla con esta mi sangre cargada de oxígeno. El oxígeno que le regala ese color tan oscuro, tan negro, propio de la sangre espesa. Bilis resultado de mi rabia, oxígeno resultado de mis ganas de gritar, sangre de mi pasión, de la inalcanzable energía que me posee. Finalmente he logrado arrancarme la última uña con los dientes. el crujir de una última uña bajo mis dientes cortando mi legua antes de esculpirla, donde deja un trazo de saliva en mis labios. Mis dedos desnudos y en carne viva intentan, se sumergen en el espejo de azogue sobre el cual estoy sentada. Mercurio. Un espejo que me separa de otro mundo.
Conservo la mirada loca y distraída mientras mi cuerpo fetal se derrumba al piso en este llano estanque de plata. Mi alma clama la muerte y no puedo morir, pues nunca estuve viva. Mi fuerza clama la vida y no puedo vivir pues carezco de nacimiento. Desde siempre he sido infinito. Llegué a vivirte como felino, disfrazando mi inmortalidad en las siete vidas de un gato. Disfrace mis alas negras en bigotes y orejas de pelo enmarañado; un cuerpo físico que me dejara pasearme por tu mundo y sentir mis labios en los tuyos. Un ligero maullido a la distancia rogando por tu presencia.
La sangre sigue aumentando la temperatura, me quema por dentro, mi cuerpo físico se desintegra. Poco a poco mi sangre vuelve a ser cera, mi piel vuelve a ser música. Se pierden los límites físicos que definen un cuerpo. Cera burbujeante que se derrite y no puede quemarse, en un ciclo eterno regido por el fuego.
¿Y de dónde viene esta infinita oscuridad? Es el espacio vacío que ha dejado mi incendio a su paso. Es el resultado que se mantuvo latente a mi cuerpo inmolado, destruyendo todo a su paso y dejando únicamente vacío, un lienzo en blanco, un espacio en la pared. He de destruir todo para no faltar a mi costumbre de huir del dolor. Desintencionadamemte te he destruido conmigo. El día que me conociste te dije que era un incendio. Y ayer mi piel se incendió bajo el dolor. Me olvidaste, te olvidaste de verme, de escucharme. Convertí mi cera en sangre por ti y te olvidaste de beberme, de tocarme. Mis huesos se quebraron bajo tu ceguera, pulverizando el hierro en polvo de estrellas. Quise darte mi vida y escogiste un sencillo cartón con un insultante reflejo de mí. Me olvidaste. Te tornaste sordo y agresivo. Me azotaste con desprecio y con castigo diario en cada palabra, cada movimiento de tus manos, cada metro retrocedido, cada ojo entrecerrado evitando ver el caer de tu mano.
Cada día desde mi esquina gritaba implorando tu cariño, una caricia. Mis gritos ahogados empezaron a cocinar la bilis, a aumentar la temperatura, a intentar domar el dolor. Sumida en una oscuridad de llanto, sin encontrar la fuerza para andar, el recordatorio de un padre finito. Deletreé mi desolación, donde tú quisiste disiparla con química que busca ser alquimia. Fue mi naturaleza de demonio la que me salvó, se desató frente a la niña perdida. Demonio que me salvó de la muerte en vida, de la resignación, la enajenación y la abnegación propia y esperada de mi sexo. En tu olvido casi logras que me olvide a mi misma, la mas cara e impagable de las infidelidades.
Vuelvo a pasar la escena en mi cabeza. Me veo como una niña de escasa edad cuando de pronto sus ojos reventaron en fuego, derramando sangre y carne por las mejillas enmarcadas por dos coletas y listones. Se pone en pie y las orillas de un vestido de encaje comienzan a deshacerse en ceniza despidiendo humo. Las manos y los dedos extendidos a mis lados igualmente humeantes. Tú en tu esquina, ciego a la transformación por fuego, hablando sin pensar. Toda la ropa de niña se calcinó sobre la piel quemante. Cuerpo infantil androgino y desnudo. La piel comienza a abrirse como tierra y debajo lava. Se perdieron todos los limites y a la figura humana la envolvió el incendio. Las alas negras de cera se doblaban bajo el techo de un espacio que sin éxito intentaban contenerlas. De un solo aleteó, escribieron un solo pensamiento en el aire: "Se acabó"..... incendio.
La sangre ha alcanzado finalmente la temperatura perfecta y empieza a emanar por mis poros retomando su composición original, la cera. Me inmolé en mi dolor y aun con la piel calcinada y vuelta a nacer, me escose y carboniza cada uno de los poros de la piel que cubre mis dos escapulas. Mi estructura ósea se reorganiza para sostener lo que viene. Uno a uno siento ese inolvidable crujir de hueso, se reacomodan, toman nuevas formas. Mi anatomía se resquebraja. La cera que emana va bajando como arrollo incinerante por mi espalda. El olor a carne quemada se hace constante en el vacío. Se van creando hilos de estructura, sólidos suben de mi piel al aire. Se van delineando una a una las plumas. Largas desde mi espalda y mas pequeñas y delgadas conforme se alejan de mi cuerpo. Quise ser animal, felino, gato, humana, pero no puedo olvidarme de que sencillamente soy incendio, soy fuerza destructiva de la vida, soy demonio. Mi cera no se derrite con el sol, pero conforme vuelo al sol negro que fuiste en mí, terminaste por devorar mi corazón cuando caí como estrella. Hiciste de mi musculo carroña.
En el hoy carente de tiempo y en oscuridad, con alas desempolvadas y aún humeantes, coloco mi cara contra el círculo de plata liquida sobre el que me encuentro. Bebo el intoxicante mercurio para rellenar los huecos de mi nuevo cuerpo y decidida, me hundo para emerger del otro lado, redescubriendo una vez mas mi naturaleza: incendio.
Conservo la mirada loca y distraída mientras mi cuerpo fetal se derrumba al piso en este llano estanque de plata. Mi alma clama la muerte y no puedo morir, pues nunca estuve viva. Mi fuerza clama la vida y no puedo vivir pues carezco de nacimiento. Desde siempre he sido infinito. Llegué a vivirte como felino, disfrazando mi inmortalidad en las siete vidas de un gato. Disfrace mis alas negras en bigotes y orejas de pelo enmarañado; un cuerpo físico que me dejara pasearme por tu mundo y sentir mis labios en los tuyos. Un ligero maullido a la distancia rogando por tu presencia.
La sangre sigue aumentando la temperatura, me quema por dentro, mi cuerpo físico se desintegra. Poco a poco mi sangre vuelve a ser cera, mi piel vuelve a ser música. Se pierden los límites físicos que definen un cuerpo. Cera burbujeante que se derrite y no puede quemarse, en un ciclo eterno regido por el fuego.
¿Y de dónde viene esta infinita oscuridad? Es el espacio vacío que ha dejado mi incendio a su paso. Es el resultado que se mantuvo latente a mi cuerpo inmolado, destruyendo todo a su paso y dejando únicamente vacío, un lienzo en blanco, un espacio en la pared. He de destruir todo para no faltar a mi costumbre de huir del dolor. Desintencionadamemte te he destruido conmigo. El día que me conociste te dije que era un incendio. Y ayer mi piel se incendió bajo el dolor. Me olvidaste, te olvidaste de verme, de escucharme. Convertí mi cera en sangre por ti y te olvidaste de beberme, de tocarme. Mis huesos se quebraron bajo tu ceguera, pulverizando el hierro en polvo de estrellas. Quise darte mi vida y escogiste un sencillo cartón con un insultante reflejo de mí. Me olvidaste. Te tornaste sordo y agresivo. Me azotaste con desprecio y con castigo diario en cada palabra, cada movimiento de tus manos, cada metro retrocedido, cada ojo entrecerrado evitando ver el caer de tu mano.
Cada día desde mi esquina gritaba implorando tu cariño, una caricia. Mis gritos ahogados empezaron a cocinar la bilis, a aumentar la temperatura, a intentar domar el dolor. Sumida en una oscuridad de llanto, sin encontrar la fuerza para andar, el recordatorio de un padre finito. Deletreé mi desolación, donde tú quisiste disiparla con química que busca ser alquimia. Fue mi naturaleza de demonio la que me salvó, se desató frente a la niña perdida. Demonio que me salvó de la muerte en vida, de la resignación, la enajenación y la abnegación propia y esperada de mi sexo. En tu olvido casi logras que me olvide a mi misma, la mas cara e impagable de las infidelidades.
Vuelvo a pasar la escena en mi cabeza. Me veo como una niña de escasa edad cuando de pronto sus ojos reventaron en fuego, derramando sangre y carne por las mejillas enmarcadas por dos coletas y listones. Se pone en pie y las orillas de un vestido de encaje comienzan a deshacerse en ceniza despidiendo humo. Las manos y los dedos extendidos a mis lados igualmente humeantes. Tú en tu esquina, ciego a la transformación por fuego, hablando sin pensar. Toda la ropa de niña se calcinó sobre la piel quemante. Cuerpo infantil androgino y desnudo. La piel comienza a abrirse como tierra y debajo lava. Se perdieron todos los limites y a la figura humana la envolvió el incendio. Las alas negras de cera se doblaban bajo el techo de un espacio que sin éxito intentaban contenerlas. De un solo aleteó, escribieron un solo pensamiento en el aire: "Se acabó"..... incendio.
La sangre ha alcanzado finalmente la temperatura perfecta y empieza a emanar por mis poros retomando su composición original, la cera. Me inmolé en mi dolor y aun con la piel calcinada y vuelta a nacer, me escose y carboniza cada uno de los poros de la piel que cubre mis dos escapulas. Mi estructura ósea se reorganiza para sostener lo que viene. Uno a uno siento ese inolvidable crujir de hueso, se reacomodan, toman nuevas formas. Mi anatomía se resquebraja. La cera que emana va bajando como arrollo incinerante por mi espalda. El olor a carne quemada se hace constante en el vacío. Se van creando hilos de estructura, sólidos suben de mi piel al aire. Se van delineando una a una las plumas. Largas desde mi espalda y mas pequeñas y delgadas conforme se alejan de mi cuerpo. Quise ser animal, felino, gato, humana, pero no puedo olvidarme de que sencillamente soy incendio, soy fuerza destructiva de la vida, soy demonio. Mi cera no se derrite con el sol, pero conforme vuelo al sol negro que fuiste en mí, terminaste por devorar mi corazón cuando caí como estrella. Hiciste de mi musculo carroña.
En el hoy carente de tiempo y en oscuridad, con alas desempolvadas y aún humeantes, coloco mi cara contra el círculo de plata liquida sobre el que me encuentro. Bebo el intoxicante mercurio para rellenar los huecos de mi nuevo cuerpo y decidida, me hundo para emerger del otro lado, redescubriendo una vez mas mi naturaleza: incendio.
sábado, 9 de diciembre de 2017
I am so sorry. I no longer am who I used to be. I may no longer stand for I am broken. I am unable to die for I am not alive. Your words crushed me like iron to dust. My screams suffocate in my throat as you walked away each day, unaware of pain. Deaf to my begging, blind to my bleeding eyes. There is no end to me, thus I am infinite. Soy el incendió que derrite el concreto. Roots grow inside me with the transcendence of trees. I may no longer run the way my feet used to, but the wax starts to flow from the pores of my skin. The wax pours down my back burning scars on its way. Feathers start to take shape. Wax flowing into the air creating my long forgotten wings. A thrash of these gigantic rediscovered limbs encircles me in cloud of golden dust. I’m taking flight.
lunes, 10 de agosto de 2015
Entre el Amor y el Miedo
Se me encrespa la piel con pensamientos
trágicos, la imaginación de lo impensable, a la perdida de la cual no existe
retorno. Con el amor más puro y más eterno, esta noche descubro un terror nuevo
para mí. La amenaza de lo finito se arrastra y desliza por la piedra granita
que recubre el piso. Se endereza puro, divino y te percibo infinito. Lo es
todo, en su sempiterna dualidad y multimodalismo, tan incomprensible. Con sus miles
de facetas, enteramente neutra y sólida. Figura hermosa, semblante de porcelana
y piedra caliza, suave y lisa, infante, andrógina, inocente, ingenua y
traviesa. Un parpadeo y la luz de la luna te ilumina distinta. Los surcos del
tiempo relatan historias de sabiduría bajo tus ojos, bolsas repletas de
historia, la historia humana, la tierra, la humedad, la vida, la luz misma.
Mis
ojos se encuentran con los tuyos, ese color tan negro, tan profundo. Me inundas
de tranquilidad y una profunda tristeza. Me sonríes. No puedo contener el
llanto. Jamás te había visto y sin embargo te reconozco como si hubiese crecido
contigo. Me sonríes. Tu rostro tan inconfundible, imposible tomarte por alguien
más. No entiendo la debilidad que derroca mis piernas. Me voy al piso y el
llanto ahoga mi respiración. Te acercas despacio y tu vestido largo acaricia el
suelo. Te arrodillas junto a mí y me tomas la cara. Mis ojos hinchados se
clavan vacíos en los tuyos tan plenos. Sigues sonriendo. Sé que no debo temerte
y es que no temo por mí. Sé que es posible que estés aquí porque es probable
que el momento sea el justo. La posibilidad y la probabilidad en combinación y
aun así indescifrables.
Tengo dos miedos distintos. Uno que por más doloroso,
acepto. Uno que cumple las leyes del tiempo y que ha sido paciente y sereno
conmigo. Pero el verte tan cerca y sentir el dolor tan tangible… El amor duele
terriblemente.
Posiblemente el amor fraterno es el más doloroso de todos. El
amor que me ha criado y convertido en la mujer que hoy soy. El dolor de la perdida
inminente, sin importar la relatividad del tiempo restante, lo inminente es
inminente y la relatividad se acorta. Ese acortamiento me debilita. Escondo mis
lágrimas para ser justamente esa mujer que se requiere de mí. Necesito
fortaleza para afrontar lo que ya he aceptado, lo que él ha aceptado tan digno,
tan fuerte, tan sensible, tan él. Lleno de sabiduría, de guía, de apoyo y sentenciosamente
de amor.
Y aunque ese dolor es penetrante, el tenerte tan cerca trae contigo un
recelo a un dolor distinto, ensordecedor y que me hiela los huesos. Esos huesos
que el terror me deja vacíos y con la imposibilidad de mantenerme en pie. Te veo
precioso en toda tu sabiduría, tan profunda y amenazante. Tus movimientos
delicados, dirigidos y pausados son los que ya he aceptado, pero es el terror
de tus movimientos súbitos e impredecibles los que me paralizan, esos que
escriben tragedias.
Hoy con tu cercanía me he percatado de un sensación aún más execrable
que el abandono, el rechazo y el desamor y ese es el abandono involuntario. El
amor fraterno combinado con el amor complementario, el de dos vuelto uno solo, individual
y diferente, no obstante, integro.
El insomnio de hoy me tiene aquí mirándolo, escuchando
su respiración pausada, mis pensamientos completamente inaudibles, mi miedo le es
completamente ajeno. Mi corazón se enmudece ante siquiera la amenaza del más diminuto
pensamiento de la más pequeña duda. Y luego se propaga como fuego por mis
entrañas y me incinera el alma.
Jamás como esta noche había atesorado tanto el
instante cabal. Mi gratitud es de la cualidad más perene y ante la amenaza de
lo que es finito, jamás había estado tan feliz y a la vez tan desconsolada.
Ambas emociones me invaden. En este preciso ahora, soy más humana y animal que
nunca, inundada de emoción. Ella tiene su mano helado contra mi rostro y me continúa
sonriendo.
Este instante se congela, es perfecto, ante todo lo pasado, todo lo
vivido, lo sufrido y lo amado, ante todo lo que soy y lo que tengo. No tengo
miedo de ti por mí y lo sabes. Agradezco tu compasión, tu comprensión, tu
caricia. Quédate conmigo esta noche. Sé que no estás aquí por mí, ni por nadie, pero quédate conmigo
esta noche antes de partir. Lléname con tu serenidad, toda tu sabiduría. Es tu presencia
la que me ha traído este invaluable trozo de conocimiento. Estoy segura que muy
pocos llegan a poseerlo. La felicidad de una plena satisfacción. ¿Cuántos son
los que verdaderamente te notan, cuando transitas entre las paredes?
Sé que mis
peticiones son fútiles, pero aun así te miró arrodillada con imploración rogándote
tiempo. El tiempo tan relativo como es, te imploro tiempo. Tú, que el tiempo
fluye por tus venas inmateriales ¿Qué tiempo será suficiente para un amor que
tan eterno se sella con un beso, y con uno más y con un millón, nuevamente infinito,
infinito, infinito?
Quédate a mi lado hasta que me venza el sueño y me lleve a
sincronizar mi respiración con la suya. Vélame el sueño solo esta noche.
Disculpa mi atrevimiento al intentar comprenderte y pedirte un poco de tu
omnipresencia, de tu infinidad. Comprendo el egoísmo de mi petición. En lo
basto del todo, somos tan insignificantes, nuestros deseos tan pasaderos,
nuestra vida simples instantes de un ciclo incansable. No somos nada y somos
parte de todo. Somos todo y nada. Puramente incomprensible para el punto, para la misma línea. Gracias.
sábado, 4 de mayo de 2013
Me despido
Es esta sed de desertar. La necesidad imperiosa de
correr, de llorar hasta morir, de ser desierto. ¿Dónde quedaron mis maderos al
sol? ¿Qué fue de mi peligrosidad? Soy descendiente de la calle, heredera de los
puentes y el hielo. No correspondo a ningún lugar. Soy mía. Sin hogar, soy callejera,
vagabunda, gato para variar, periódico al amanecer. Es el perpetuo terror al rechazo, el destierro por
imposición. La soledad es mía por elección, mi hermana, mi amante, mi pastor.
Duermo en una cama de espejo. El vidrio estrellado bajo mi espalda ha empezado
a arañarme la piel. Se introducen los pedazos como gusanos. Aún existe una vitrina
llena de cera. A borbotones se derrama entre las bisagras. Aún existen los moldes en algún lugar de mi
cabeza. Mi cerebelo no ha olvidado el camino, no ha enterrado el vuelo. Me
hierve el hígado con pánico al abandono. Es la suavidad y el perfume poco
familiar de una sala flotando en mierda. La crítica interminable de un arreglo de defectos con dedicatoria. Para ti no hay lugar para los aciertos. Soy un millón de aciertos a los cuales eres sordo, ciego y hasta cojo. Soy granos de luz, soy cal infinita.
El eco me aplasta el tórax. No puedo respirar. El aire se queda en mi boca. Lo pruebo, lo saboreo y no puedo llevarlo hacia adentro. Se contonea como puta frente a mí y no me deja tragarlo, me ahogo, un grito mudo. El eco y las cuerdas tienen por rehenes a mis pulmones. Un complejo amarre los estruje cual papel. Las venas hinchadas en dióxido de carbono están por reventar. Se dibujan amenazantes en mis escleras. No hay dolor solo impedimento, solo terror. Mi cuerpo ha olvidado sus funciones básicas. Va a morir y es inevitable. Y yo sigo viva, como siempre. Esa capacidad de cercenarme, dividirme, escapar en peine de dientes viejos y conocidos. Se me renuevan los lunares, son un sin fin de nuevos patrones para unir con líneas. Nuevas almendras, nuevos torrentes. Es mi parquedad emocional, esa que ha echado raíces en mis tendones. Soy títere de mi reserva, hilos que yacían dormidos y despiertan ante la alarma acuosa que se ha dado la tarea de delinear mi cara. La comezón ha acabado con mis uñas. Me he abierto la piel con nervios. Me esquilo la permanencia y me desollo la rutina. Me he arrancado los rasgos de la cara para que no puedas reconocerme. Pasaré a tu lado y haré tangible tu desconocimiento tan anunciado, tan dolido.
El eco me aplasta el tórax. No puedo respirar. El aire se queda en mi boca. Lo pruebo, lo saboreo y no puedo llevarlo hacia adentro. Se contonea como puta frente a mí y no me deja tragarlo, me ahogo, un grito mudo. El eco y las cuerdas tienen por rehenes a mis pulmones. Un complejo amarre los estruje cual papel. Las venas hinchadas en dióxido de carbono están por reventar. Se dibujan amenazantes en mis escleras. No hay dolor solo impedimento, solo terror. Mi cuerpo ha olvidado sus funciones básicas. Va a morir y es inevitable. Y yo sigo viva, como siempre. Esa capacidad de cercenarme, dividirme, escapar en peine de dientes viejos y conocidos. Se me renuevan los lunares, son un sin fin de nuevos patrones para unir con líneas. Nuevas almendras, nuevos torrentes. Es mi parquedad emocional, esa que ha echado raíces en mis tendones. Soy títere de mi reserva, hilos que yacían dormidos y despiertan ante la alarma acuosa que se ha dado la tarea de delinear mi cara. La comezón ha acabado con mis uñas. Me he abierto la piel con nervios. Me esquilo la permanencia y me desollo la rutina. Me he arrancado los rasgos de la cara para que no puedas reconocerme. Pasaré a tu lado y haré tangible tu desconocimiento tan anunciado, tan dolido.
lunes, 29 de abril de 2013
Composición
Erectos, atentos,
furtivos, lascivos. Se escriben garrapatas anidando en los huecos de mi carne, de
mi inconciencia, en la irónica saciedad del descanso y la melancolía. Tengo las
pupilas bañadas en sangre, reventadas, volando fuera de sus órbitas granitos
de arena solar. Échame a cuenta los tejidos deshebrados de mis dedos. Me
deshilo. Me evaporo, gas líquido, sin cuerpo, sin figura. Cuatro, nueve,
catorce, trece, veintiséis, seis. Soy poder, soy sed, soy fuego, sor carne, soy
gangrena. Soy tu bebida favorita. Soy tu más grande miedo. Soy tu más triste
muerte, el más bello de tu sus sueños, la más inimaginable posibilidad. Eres mi
Virgilio. Eres mi pecado, mi salvación y mi silencio. Eres mi cirrosis y mi
panacea. Somos electrolitos en cobalto líquido, electricidad sin forma, sin límites, sin remordimientos.
Somos tejedores. Somos vida y muerte. Eso somos. Somos música. Soy tu pentagrama
y tú, mi clave. Somos. Eso somos y somos nada y todo. Eso somos.
3:47 y no recuerdo
como vaciar mis pulmones. Jamás me parecieron tan grandes como ahora. Se me
mete por los dedos de los pies desnudos. Me trepa por las pantorrillas y me
saborea los muslos. Tengo los brazos abiertos al cielo. Me labra la piel a su
paso. Me quema surcos con el petróleo que deja al subir por mi piel. Soy
contraste líquido, gravedad inversa. Me acaricia los labios robándome escalofríos,
sonrisas y gemidos, caricias de pelo. Juega con mis labios. De mi pelo llueve
vino tinto y lloro champagne de alegría, saciedad y éxtasis: una cata de
placer. Empieza a acariciarme las entrañas. Se adentra poco a poco mientras me
desnuda y me hace suya. Dime que ves Virgilio. Es tu amor el que me coge desde
dentro. ¿Puedes oler mi cabeza, mi razón? Escucha el cantar de mi sombra. Te
llama. Mi cuerpo no es más. Soy torrente negro sin fondo. Me ha cubierto
entera, cada poro cada centímetro intestinal. Soy de petróleo espejo negro. Desconozco
el límite de mi cuerpo. Es mi sombra la que crece y ciega te busca. Este goce,
la saciedad, la totalidad de mí. Silencio.
Ven Mercurio, toma mi
mano, mira tu reflejo en mi cuerpo como yo reconozco el mío en el tuyo. Te
reviste el azogue. Deléitate del frío tibio que ahora es tu piel. Siente como
se te ha metido por la garganta, por la punta. Se te eriza la piel. En un mundo
de figuras difusas por fin ves claro, la definición de la música en el aire. Estás
conmigo. Respira.
Mírame Azazel. Seré tu
todo, tu necesidad y tu remedio como tú eres el mío. Seré tu tristeza y tu
consuelo tal como te lloro cada noche. Seré tu copa y tu vacío pues es la
vehemencia de experimentar la que nos conduce. Seré tu hambre y tu alimento,
banquete de mi corazón palpitante, músculo vivo, devórame. Serás mi desnudes y
mi vestido, hilo a hilo te deshaces en mí. Serás calle y refugio, el riesgo, la
enajenación del mundo que vive ahí fuera. Serás mi orfandad y mi familia, la soledad
bendita de dos.
Escucha Adonis. Un diamante
negro silva y flota en este mar de oro blanco, naufragio de piedras preciosas y
huesos infestados de larvas. A la distancia una vela suspira señales de humo, canturrea
una historia. Esa voz de vela gruesa y áspera. Rechina la boca y se quiebra la
quijada con la mirada loca y perdida. Estoy consumida en ti, en esas tus
cuerdas vocales en esas tu yemas encalladas en la arena.
Saboréame Caliel. Prueba
la androginia de la hiel que inunda mis órganos. La masturbación intelectual de
mi hipotálamo lleva un son con sabor a tango. El cliché de plumas de cera se
convierte en un tabú temido, el terror inevitable de caer. No necesitas alas.
En mi infinito no puedes morir. En mis plantas están escritas todas las rentas.
Son tuyas. Aliméntate en mí. Aquí las jaulas suspendidas son libertad, son cuna
de tu deseo y de mi inmortalidad. A tu lado la oscuridad es pasión, es luz de
cal. Tu voz es himno de mi despertar. Un minuto más me ha calzado los pasos, un
minuto circular.
Virgilio, Mercurio, Azazel,
Adonis, no hay nombre Caliel, fórmula, cuerpo. No hay sonido en la cuarta
dimensión de nuestra conciencia. Tala, Gabriel, Apolo, Demorio, soy contigo.
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