martes, 29 de enero de 2019

Se Ha Dictado Condena

Al cerrar la puerta detrás de mí, el sonido del cerrojo tiene una calidad sentenciosa. Sin embargo, antes de que termine de pensarlo, esta vuelve abrirse. Pasos apresurados llenan el espacio y a mi mano se aferra una más pequeña.

-        ¡Mamá !   -

Tanta alegría en una voz tan inocente, sin idea alguna del día de hoy y aun así a sabiendas de las próximas horas. Jamás pensé en llevar a mi propia hija al matadero. Con tan solo cinco años de edad se ve tan preciosa, tan perfecta. Mis ojos se desvían de su enorme sonrisa a las ligeras arrugas grises y profundas que le enmarcan la boca. Mi propia sonrisa involuntaria se desvanece. Esos surcos me recuerdan que ni siquiera es humana. Sus ojos infantiles distinguen mi cambio y sus ojos se tornan un ligero tono sangre. Esos cambios tan sutiles. Se sienten tornasol, solo que se asoman con cosas muy distintas al sol.

-        ¿Mamá, que no me amas?   -     

No puedo evitar levantarla en mis brazos. Tan caliente al tacto que casi quema.

-        Claro que te amo, mi corazón. Nunca lo dudes. Papá y yo te amamos infinitamente.   -
-        ¿Mamá, dónde está Papá? ¿Por qué se fue el día antes de mi cumpleaños? Yo sé que tú y Papá ya no me aman.

Una voz tan inocente y soberbia haciendo preguntas para las cuales ya sabe la respuesta. Teniendo su cuerpo, cada día más frágil y liviano entre mis brazos, no puedo evitar acercarla contra mí pecho y sujetarla con fuerza. Mi cuerpo tiembla ligeramente y me doy cuenta que estoy llorando.

-        Te amamos muchísimo, mi corazón, con el alma.   -

‘Con el alma’…. me parte el alma.

-        Te ves hermosa hoy, Mamá. Te cortaste el pelo.

Su vocecita se me cuela entre los huesos, dejando diminutas fracturas en mis pies. Me llena de culpa y dolor admitir que me he arreglado para la ocasión. No sé si he dejado de escuchar mi corazón porque ha dejado de latir o si simplemente su ritmo ha incrementado tanto que se ha vuelto un ruido blanco llenando de pavor y tormento todas mis vísceras. Una cría mitad incendio, mitad huracán, producto de nuestro amor imperfecto. Ella, irónicamente tan perfecta y tan inviable. Con esa mirada de ángel y su sonrisa de demonio. Esas dos características han venido de ambos.

Concebida en Londres el 26 de Octubre de 2012, nacida en México el 14 de Septiembre de 2013, fallecida, asesinada el 29 de Enero de 2019, en unas horas.

-        Mamá, me lastimas.    -

Perdida en mi dolor y mis recuerdos poco a poco la fui acercando más y más y más, apretando su cuerpo contra el mío.

-        Perdóname, mi amor.   - 

A sabiendas de lo que viene, Harley y Lilith se restriegan contra mis pantorrillas, mientras la regreso al piso y me arrodillo frente a ella. No deja de ser un acto de súplica, rogando perdón. Le sacudo el vestido rojo que estuve almidonando casi dos horas la noche anterior. Específicamente escogí este vestido, pues le resalta ese brillo rojo en el verde de sus ojos. Le deja a la vista la pierna derecha que perdió en uno de los últimos enfrentamientos entre él y yo, probablemente el inicio del final. Ahora lleva una pierna prostética de titanio. También le deja al descubierto la espalda donde aún lleva marcada el caer de la mano de Daniel. El encaje de la manga apenas le roza el inicio de una larga línea que le recorre el brazo izquierdo. La cicatriz de cuando le rompí el brazo en tres sitios aun brilla grana en su piel marfil. Todas esas heridas negadas a cicatrizar y a sanar por completo. Tantas veces que la hicimos pedacitos mientras nos lanzábamos mordidas el uno al otro. Y entre los dos una niña llorando, meciéndose con las rodillas al pecho y las manos sobre los oídos. Se tarareaba a sí misma una canción de Leonard Cohen, intentando sofocar los gritos. ¿Cómo fue que nunca la vimos? ¿Cómo pudimos ser tan ciegos, tan sordos, tan soberbios? Mi conciencia me recrimina una tonada distinta:

“Precious and fragile things
Need special handling
My God what have we done to you?
Things get damaged
Things get broken
I thought we’d manage
But words left unspoken 
Left us so brittle
There was so little left to give.”

Detrás mío siento una presencia, casi al momento en que su mano toca mi hombro para llamar mi atención. No me vuelvo, pero llevo mi mano a la suya sin dejar de mirar a la niña frente a mí, que lo sabe todo.

-        Andrea, es hora.   -

Su pequeña manita toma la mano que descansa a mi costado.

-        Vamos, Mamá.   -

Sostengo fuerte su mano en la mía, deseosa de salir corriendo con ella entre mis brazos. Ignorar todos los hechos, negar la verdad, desconocer las evidencias, incluso las que yo misma presenté, e huir con ella en mis brazos… buscar a Daniel juntas. 

Me vuelvo hacia la mujer cuya mano aun me sostiene, impidiendo que mi cuerpo se inmole y huya con la niña en brazos. Las tres cruzamos la puerta. El viento helado se me clava en la piel y el frío se derrite sobre mi carne. La fuerza que me demanda la situación para no estallar en llamas, casi me consume. El viento levanta el polvo del suelo. El día perfectamente sombrío para la situación. Los que siempre fueron tus favoritos.

A lo lejos puedo ver a Daniel mirando el piso, esperando paciente. Su postura tan firme, tan rígida que el temblar de todo su cuerpo es casi imperceptible. Puedo ver el dolor bullir dentro de ti como su fueras un frágil matraz, trasparente. El martirio de ambos se puede palpar en la pena que se evapora de tus poros. Tomo a nuestra hija en mis brazos y camino hacia ti. Sus piernas abrazan mi cintura y sus brazos se aferran a mi cuello. Siento su corazón palpitante contra el mío. Late con más fuerza, con la pasión de quien no quiere morir. Camino y camino y la distancia no se acorta. Tan surreal como lo esperaba. No esperaba que la distancia se hiciera menos, en lo absoluto.

¿Cómo se lleva a tu propia sangre al matadero? Se decidió que siendo una cría mitad incendio sería inútil quemarla en la hoguera. Intentar ahogarla en el río tampoco sería muy efectivo, pues al ser huracán, en parte, respira el oxígeno en el agua. Increíble que una criatura tan fuerte y tan capaz, con tanto potencial, tan perfecta, sea tan frágil, tan fácil de romper. Mas impensable resulta aún que, pese a que la decisión de terminar con su vida hubiese sido de Daniel, soy yo quien ha tenido que pensar estas sórdidas e infames gestiones. Supongo que es el costo que cada uno pagamos. Admito que en este caso gestionar ha sido un precio relativamente bajo, comparado con el que pagas tú. Me escondo en las circunstancias, la practicidad y la distancia, pero eso no me absuelve de la cobardía. Sentarme a esperar, mientras tú ejecutas.

La dejo ir de entre mis brazos posándola sobre la tierra árida. Por primera vez en estos cuatro meses que ha vivido conmigo, adivinando perfectamente el futuro de los tres, me mira confundida. Me duele adivinar en su rostro que no ha podido divisar esta última parte. 

-        Vamos, Mamá. Se hace tarde.    –

La mujer que ha estado caminando a nuestro lado en silencio y con su mano permanentemente en mi hombro, se acuclilla a mi lado y le sonríe. El rostro de mi pequeña se distorsiona bajo su ceño fruncido y las lágrimas mojan la tierra.

-        Nena, no puedo ir contigo. Papá estará ahí contigo. Por favor perdóname, mi amor, te lo imploro.   -

Me sorprende mi voz débil, quebrada y llena de mis propias lágrimas. La desolación ahoga mis palabras que mueren pesadas bajo la realidad, nuestra realidad. Tomo la soga que he venido cargando desde casa y la pongo alrededor de su cuello como si fuese un collar que la adorna. Me mira incrédula ante mi traición. La mujer la levanta del suelo y se alejan despacio al son de sus gritos y berridos desesperados, llamándome. Extiende sus brazos hacia mí y sus piernas patalean luchando. Mis rodillas apenas me sostienen mientras las veo marcharse. Mi cuerpo se achica mientras trato de sostenerme. El llanto desesperado que llena mis oídos me parece demasiado cercano. Me toma unos segundos darme cuenta que es mi propia voz devastada la que clama detrás de ellas, detrás de ti. Darme cuenta que se trata de mi propio llanto y mis propios gritos termina por desarmarme y me voy de rodillas al piso. El polvo se levanta de golpe a mi alrededor. Me atrevo a mirarte a lo lejos. Tu postura es la misma, rígida, de no ser porque cada uno de tus músculos se sacuden diminutamente, serias tan estático como una roca, tan frío como el acero.

Fuego y acero para fundirnos en algo nuevo, pero no pudimos dejar ir nuestra soberbia para cambiar nuestras formas. Me imagino el toque de tus manos en mi cara, tus labios en mi boca y me aterra la posibilidad de olvidar esa sensación. Tus ojos siempre llenos de ternura. Tu voz... tan llena de ti. Esa voz tan profunda que me mecía de noche y me hacia reír de día, me daba paz. Esa voz que me regalaste el día en que nuestra niña nació, después de las 46 semanas que la llevé en mi vientre. Tus ojos siguen clavados en el piso aterrados de mirarme y encontrase con los míos. Sé que has estado viéndonos mientras nos dirigíamos hacia ti, pero ambos somos demasiado cobardes para vernos a la cara.

Vuelvo los pasos arrastrando los pies contra la tierra, intentando deshacerme en la nube de polvo que me rodea. Los sollozos le regalan escalofríos a mi cuerpo y mi espina se sacude. Estarán llegando contigo en estos momentos, reconocerás mi piel como guantes en las manos a las que he entregado a nuestra hija. ¿Qué piensas al verla ahí a tus pies? ¿La abrazas? ¿Reconoces mis ojos en los suyos? ¿Qué piensas al ver sus heridas y sus cicatrices tan de cerca después de tanto tiempo? ¿Reconoces el árbol en su espalda, ese enorme lunar que refleja mi piel? ¿Extrañas nuestra familia, nuestro hogar? Quizás ni si quiera la miras. Quizás ella te llama y finges no escucharla. Quizás incluso lo logras.

Con apenas 5 años de edad, nuestra hija estará subiendo la escalerilla de madera hasta el estrado. La soga que ambos hilamos y que puse alrededor de su cuello estará siendo levantada sobre la polea, asegurándola a un costado. Algunos curiosos se acercarán a ver la morbosa escena. ¿Y tú? ¿La miras?  El juez estará leyendo uno a uno nuestros crímenes por los que ella habrá de pagar condena, mientras nosotros huimos libres.
Mis manos sostienen mi cabeza revolviendo mi pelo. Si no la mantengo con ambas manos va rodar por la mesa y tirará la botella a la que llevo buscándole el fondo. Mi llanto no tiene más fuerza ni sonido. La mesa de madera se tiñe con hilos de sangre que brotan de mis brazos. Mi piel y mi boca, como es su costumbre en estos casos, han empezado a desprender humo, cubriendo cada espacio de mi sala. La cera comienza a salir por mis poros. Me he ayudado de una navaja para desollar los pedazos de piel que empezaban a brotar cera. He empezado por mis brazos que están casi completos en carne viva. No puedo llevar la navaja hasta mi espalda donde también suele empezar a emanar. Necesito sentir esto antes de estallar en el incendio que soy. Necesito respirar antes de que mis pulmones se carbonicen. Me aferro a ti. Quiero mantener la imagen de ambos antes de arder viva en agonía. Por la noche quemaré el cielo.

Mi piel en sus manos y sus manos en la cuerda. Tus manos junto a la suyas. Tú dejas ir la cuerda primero. Mi piel se aferra a cada una de las hebras de cáñamo, no queriendo soltar desde la distancia, pero no están bajo mi control; no más, no desde que zurcí esos guantes para ella. Finalmente, la cuerda deja sus manos quemando mi piel a su paso. Son los segundos más eternos de mi vida. Sus manos van desesperadas a la cuerda unos segundos, luego se sacuden junto con el resto de su cuerpecito. Ha perdido uno de sus zapatos. Sus ojos verdes se tornan grises y su mirada desesperada y traicionada me busca en el escaso público que disfruta con semejantes espectáculos. Te mira. Su piel empieza a tomar otro tono. Tú miras el pedazo de cuerda justo sobre su cabeza siguiendo el movimiento e incapaz de bajar la mirada un milímetro, hasta que su cuerpo diminuto deja de moverse y se balancea en el espacio. A través del espejo en mi cabeza desde donde veo nublada la distorsionada escena, se posa un punto final en el balanceo de sus pies. 

Con mi último grito estalla cada célula de mi cuerpo, mis ojos revientan quemados y la deflagración muda consume todo alrededor. Se levanta una criatura gigantesca jorobada, alada en medio del desierto, envuelta en llamas. Ocupa el espacio donde se encontraba mi casa. Sobre la arena, tinta negra, cera y sangre. Con pies pesados el demonio de incendio y cera camina una vez más, sacudiendo la tierra.
Yo sé que a estas alturas no es más que un mero trámite, pues me parece imposible que pudiéramos estar más separados física y emocionalmente de lo que ya lo estamos. ‘Océanos de tiempo’, ¿cierto? ¿Quién iba a decir que se convertiría en uno de nuestros tantos epitafios?

Un mero trámite de una firma haciéndose pasar por la mía en un trozo de papel junto a la tuya. Un trozo de papel que me quema por dentro. ¿En qué momento el papel se enfrenta ante el incendio? Las llamas lo cubren y no pueden reducir a cenizas las finísimas hebras y la tinta. Se vuelven intocables bajo tu instrucción. Esta es la última noche que me voy a la cama como una mujer legalmente casada con el amor de su vida. Mañana, 29 de Enero 2019, el papel devora mi alma, ahoga el incendió, alimenta la tierra. Soy ceniza, soy brazas, soy tierra, raíces y árbol. Soy siempre incendio.

lunes, 7 de enero de 2019

What Perfect Was

You were perfect for me. Was I ever perfect for you? We were perfect together. If only you could have let me be.

viernes, 4 de enero de 2019

"My voice forever yours, your eyes forever mine... We said this is forever and it won't be".

martes, 1 de enero de 2019

Despite every single thing, life has been fucking good to me this year. So fucking cheers!!