Soy una criatura del bajo mundo; Soy todo acerca de las experiencias, la pasión, los riegos, acerca de los retos, el amor, soy todo acerca de la vida. I am a creature of the underworld; I am all about experiences, about passion, risks, about challenges, love, I am all about life.
lunes, 18 de diciembre de 2017
domingo, 10 de diciembre de 2017
Demonio de Incendio y Cera
Todo comienza en silencio. La ausencia de sonido que a mí me silenció. Ese regaño sordo de mirada acusatoria que me tiene envolviendo mis piernas contra mi pecho sentada en un olvido completamente vacío. La sangre hierve terriblemente herida. La bilis que ha secado mi hígado enfermo y envenenado se mezcla con esta mi sangre cargada de oxígeno. El oxígeno que le regala ese color tan oscuro, tan negro, propio de la sangre espesa. Bilis resultado de mi rabia, oxígeno resultado de mis ganas de gritar, sangre de mi pasión, de la inalcanzable energía que me posee. Finalmente he logrado arrancarme la última uña con los dientes. el crujir de una última uña bajo mis dientes cortando mi legua antes de esculpirla, donde deja un trazo de saliva en mis labios. Mis dedos desnudos y en carne viva intentan, se sumergen en el espejo de azogue sobre el cual estoy sentada. Mercurio. Un espejo que me separa de otro mundo.
Conservo la mirada loca y distraída mientras mi cuerpo fetal se derrumba al piso en este llano estanque de plata. Mi alma clama la muerte y no puedo morir, pues nunca estuve viva. Mi fuerza clama la vida y no puedo vivir pues carezco de nacimiento. Desde siempre he sido infinito. Llegué a vivirte como felino, disfrazando mi inmortalidad en las siete vidas de un gato. Disfrace mis alas negras en bigotes y orejas de pelo enmarañado; un cuerpo físico que me dejara pasearme por tu mundo y sentir mis labios en los tuyos. Un ligero maullido a la distancia rogando por tu presencia.
La sangre sigue aumentando la temperatura, me quema por dentro, mi cuerpo físico se desintegra. Poco a poco mi sangre vuelve a ser cera, mi piel vuelve a ser música. Se pierden los límites físicos que definen un cuerpo. Cera burbujeante que se derrite y no puede quemarse, en un ciclo eterno regido por el fuego.
¿Y de dónde viene esta infinita oscuridad? Es el espacio vacío que ha dejado mi incendio a su paso. Es el resultado que se mantuvo latente a mi cuerpo inmolado, destruyendo todo a su paso y dejando únicamente vacío, un lienzo en blanco, un espacio en la pared. He de destruir todo para no faltar a mi costumbre de huir del dolor. Desintencionadamemte te he destruido conmigo. El día que me conociste te dije que era un incendio. Y ayer mi piel se incendió bajo el dolor. Me olvidaste, te olvidaste de verme, de escucharme. Convertí mi cera en sangre por ti y te olvidaste de beberme, de tocarme. Mis huesos se quebraron bajo tu ceguera, pulverizando el hierro en polvo de estrellas. Quise darte mi vida y escogiste un sencillo cartón con un insultante reflejo de mí. Me olvidaste. Te tornaste sordo y agresivo. Me azotaste con desprecio y con castigo diario en cada palabra, cada movimiento de tus manos, cada metro retrocedido, cada ojo entrecerrado evitando ver el caer de tu mano.
Cada día desde mi esquina gritaba implorando tu cariño, una caricia. Mis gritos ahogados empezaron a cocinar la bilis, a aumentar la temperatura, a intentar domar el dolor. Sumida en una oscuridad de llanto, sin encontrar la fuerza para andar, el recordatorio de un padre finito. Deletreé mi desolación, donde tú quisiste disiparla con química que busca ser alquimia. Fue mi naturaleza de demonio la que me salvó, se desató frente a la niña perdida. Demonio que me salvó de la muerte en vida, de la resignación, la enajenación y la abnegación propia y esperada de mi sexo. En tu olvido casi logras que me olvide a mi misma, la mas cara e impagable de las infidelidades.
Vuelvo a pasar la escena en mi cabeza. Me veo como una niña de escasa edad cuando de pronto sus ojos reventaron en fuego, derramando sangre y carne por las mejillas enmarcadas por dos coletas y listones. Se pone en pie y las orillas de un vestido de encaje comienzan a deshacerse en ceniza despidiendo humo. Las manos y los dedos extendidos a mis lados igualmente humeantes. Tú en tu esquina, ciego a la transformación por fuego, hablando sin pensar. Toda la ropa de niña se calcinó sobre la piel quemante. Cuerpo infantil androgino y desnudo. La piel comienza a abrirse como tierra y debajo lava. Se perdieron todos los limites y a la figura humana la envolvió el incendio. Las alas negras de cera se doblaban bajo el techo de un espacio que sin éxito intentaban contenerlas. De un solo aleteó, escribieron un solo pensamiento en el aire: "Se acabó"..... incendio.
La sangre ha alcanzado finalmente la temperatura perfecta y empieza a emanar por mis poros retomando su composición original, la cera. Me inmolé en mi dolor y aun con la piel calcinada y vuelta a nacer, me escose y carboniza cada uno de los poros de la piel que cubre mis dos escapulas. Mi estructura ósea se reorganiza para sostener lo que viene. Uno a uno siento ese inolvidable crujir de hueso, se reacomodan, toman nuevas formas. Mi anatomía se resquebraja. La cera que emana va bajando como arrollo incinerante por mi espalda. El olor a carne quemada se hace constante en el vacío. Se van creando hilos de estructura, sólidos suben de mi piel al aire. Se van delineando una a una las plumas. Largas desde mi espalda y mas pequeñas y delgadas conforme se alejan de mi cuerpo. Quise ser animal, felino, gato, humana, pero no puedo olvidarme de que sencillamente soy incendio, soy fuerza destructiva de la vida, soy demonio. Mi cera no se derrite con el sol, pero conforme vuelo al sol negro que fuiste en mí, terminaste por devorar mi corazón cuando caí como estrella. Hiciste de mi musculo carroña.
En el hoy carente de tiempo y en oscuridad, con alas desempolvadas y aún humeantes, coloco mi cara contra el círculo de plata liquida sobre el que me encuentro. Bebo el intoxicante mercurio para rellenar los huecos de mi nuevo cuerpo y decidida, me hundo para emerger del otro lado, redescubriendo una vez mas mi naturaleza: incendio.
Conservo la mirada loca y distraída mientras mi cuerpo fetal se derrumba al piso en este llano estanque de plata. Mi alma clama la muerte y no puedo morir, pues nunca estuve viva. Mi fuerza clama la vida y no puedo vivir pues carezco de nacimiento. Desde siempre he sido infinito. Llegué a vivirte como felino, disfrazando mi inmortalidad en las siete vidas de un gato. Disfrace mis alas negras en bigotes y orejas de pelo enmarañado; un cuerpo físico que me dejara pasearme por tu mundo y sentir mis labios en los tuyos. Un ligero maullido a la distancia rogando por tu presencia.
La sangre sigue aumentando la temperatura, me quema por dentro, mi cuerpo físico se desintegra. Poco a poco mi sangre vuelve a ser cera, mi piel vuelve a ser música. Se pierden los límites físicos que definen un cuerpo. Cera burbujeante que se derrite y no puede quemarse, en un ciclo eterno regido por el fuego.
¿Y de dónde viene esta infinita oscuridad? Es el espacio vacío que ha dejado mi incendio a su paso. Es el resultado que se mantuvo latente a mi cuerpo inmolado, destruyendo todo a su paso y dejando únicamente vacío, un lienzo en blanco, un espacio en la pared. He de destruir todo para no faltar a mi costumbre de huir del dolor. Desintencionadamemte te he destruido conmigo. El día que me conociste te dije que era un incendio. Y ayer mi piel se incendió bajo el dolor. Me olvidaste, te olvidaste de verme, de escucharme. Convertí mi cera en sangre por ti y te olvidaste de beberme, de tocarme. Mis huesos se quebraron bajo tu ceguera, pulverizando el hierro en polvo de estrellas. Quise darte mi vida y escogiste un sencillo cartón con un insultante reflejo de mí. Me olvidaste. Te tornaste sordo y agresivo. Me azotaste con desprecio y con castigo diario en cada palabra, cada movimiento de tus manos, cada metro retrocedido, cada ojo entrecerrado evitando ver el caer de tu mano.
Cada día desde mi esquina gritaba implorando tu cariño, una caricia. Mis gritos ahogados empezaron a cocinar la bilis, a aumentar la temperatura, a intentar domar el dolor. Sumida en una oscuridad de llanto, sin encontrar la fuerza para andar, el recordatorio de un padre finito. Deletreé mi desolación, donde tú quisiste disiparla con química que busca ser alquimia. Fue mi naturaleza de demonio la que me salvó, se desató frente a la niña perdida. Demonio que me salvó de la muerte en vida, de la resignación, la enajenación y la abnegación propia y esperada de mi sexo. En tu olvido casi logras que me olvide a mi misma, la mas cara e impagable de las infidelidades.
Vuelvo a pasar la escena en mi cabeza. Me veo como una niña de escasa edad cuando de pronto sus ojos reventaron en fuego, derramando sangre y carne por las mejillas enmarcadas por dos coletas y listones. Se pone en pie y las orillas de un vestido de encaje comienzan a deshacerse en ceniza despidiendo humo. Las manos y los dedos extendidos a mis lados igualmente humeantes. Tú en tu esquina, ciego a la transformación por fuego, hablando sin pensar. Toda la ropa de niña se calcinó sobre la piel quemante. Cuerpo infantil androgino y desnudo. La piel comienza a abrirse como tierra y debajo lava. Se perdieron todos los limites y a la figura humana la envolvió el incendio. Las alas negras de cera se doblaban bajo el techo de un espacio que sin éxito intentaban contenerlas. De un solo aleteó, escribieron un solo pensamiento en el aire: "Se acabó"..... incendio.
La sangre ha alcanzado finalmente la temperatura perfecta y empieza a emanar por mis poros retomando su composición original, la cera. Me inmolé en mi dolor y aun con la piel calcinada y vuelta a nacer, me escose y carboniza cada uno de los poros de la piel que cubre mis dos escapulas. Mi estructura ósea se reorganiza para sostener lo que viene. Uno a uno siento ese inolvidable crujir de hueso, se reacomodan, toman nuevas formas. Mi anatomía se resquebraja. La cera que emana va bajando como arrollo incinerante por mi espalda. El olor a carne quemada se hace constante en el vacío. Se van creando hilos de estructura, sólidos suben de mi piel al aire. Se van delineando una a una las plumas. Largas desde mi espalda y mas pequeñas y delgadas conforme se alejan de mi cuerpo. Quise ser animal, felino, gato, humana, pero no puedo olvidarme de que sencillamente soy incendio, soy fuerza destructiva de la vida, soy demonio. Mi cera no se derrite con el sol, pero conforme vuelo al sol negro que fuiste en mí, terminaste por devorar mi corazón cuando caí como estrella. Hiciste de mi musculo carroña.
En el hoy carente de tiempo y en oscuridad, con alas desempolvadas y aún humeantes, coloco mi cara contra el círculo de plata liquida sobre el que me encuentro. Bebo el intoxicante mercurio para rellenar los huecos de mi nuevo cuerpo y decidida, me hundo para emerger del otro lado, redescubriendo una vez mas mi naturaleza: incendio.
sábado, 9 de diciembre de 2017
I am so sorry. I no longer am who I used to be. I may no longer stand for I am broken. I am unable to die for I am not alive. Your words crushed me like iron to dust. My screams suffocate in my throat as you walked away each day, unaware of pain. Deaf to my begging, blind to my bleeding eyes. There is no end to me, thus I am infinite. Soy el incendió que derrite el concreto. Roots grow inside me with the transcendence of trees. I may no longer run the way my feet used to, but the wax starts to flow from the pores of my skin. The wax pours down my back burning scars on its way. Feathers start to take shape. Wax flowing into the air creating my long forgotten wings. A thrash of these gigantic rediscovered limbs encircles me in cloud of golden dust. I’m taking flight.
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