En su paso constante y perfecto me resulta irónico lo relativo del pasar del calendario. Los días se sienten efímeros y eternos en un mismo instante. La distancia entre lo que fue ayer y lo que es hoy me resulta tan lejana y a su vez deja su presencia con olor a pocas horas. Me sabe tan ajeno esa vida que compartimos, todo aquello que vivimos, me deja con esta sensación de un sueño perfecto que se ha ido olvidando. No encaja en mis nuevos aires, no con la ligereza con la que se sienten mis pasos. Me desperezo por la mañana con retazos de imágenes de un sueño que se disuelve al levantarme de la cama, fascinada por la nueva mañana. Me resulta muy difícil encontrar el espacio en la estantería que le corresponde a tu historia, se siente nublada, perdida en una curva de tiempo secuestrada.
Es uno a uno mis amores, familiares y amigos que han encontrado su paso migratorio conmigo a este nuevo contexto. Hay quienes consiguieron su trote continuo en mi memoria y como recuerdos que son se saben como parte de mi historia. Aquellos personajes en mi vida que se mantienen constantes hayan la migración psíquica natural, perfectamente tangibles para mi corazón. Pero tú no.
Y es este sueño disuelto que me desconcierta, solo un nombre de mi boca. Cuatro letras y una tilde que quedaron cercenadas de cual forma. Todo aquello que me unía a ti, no halló espacio en mi maleta. No puedo ligarte con nada, no puedo atarte a mi muelle, no puedo anclarte a mi arena de concreto. No tengo un espacio, no tengo una palabra, no tengo una imagen, no tengo un recordatorio constante de lo que fue. No existe siquiera ese periodo de sanación donde puedo encontrarte al otro lado. No puedo abrir mi puerta y verte esperando fuera de mi casa, no hay esperanza. Es la cualidad de todo lo que toca tu nombre el haberse tornado inexistente, que comienzo al olvidar cuándo fue que realmente existió. Página a página van desapareciendo palabras, silenciosas, sin hacer notar su ausencia, se van marchando a paso lento. Se mudan a otro libro. Se mudan a un libro de cuento.
Te me has convertido en el fantasma constante de mi pensar en un estado transparente, gaseoso, borroso, perdido. No puedo encontrarte en mi mundo, no puedo encontrarte si quiera en mi pasado, mucho menos puedo imaginarte en mi futuro. Pero no dejo de llamar tu nombre. Me parece todo tan distinto, te siento tan lejos dónde esta distancia no cuenta con sistema métrico. Me aferro a tu nombre y a buscarte digitalmente, pero ni la combinación de unos y ceros en un código cibernético detiene la disolución de todo lo que en ti era concreto, tangible, real. Como por inducción de alucinantes, como humo libre te pierdes, sin un adiós, sin una promesa, sin un abrazo, como agua te me escurres por los dedos, no puedo retenerte, no encuentro como, te desintegras en mis yemas. Te me vas muriendo poco a poco y no puedo salvarte. Ni siquiera eso. Hablo y escribo de ti y ya no estás. Es solo un relato, una novela histórica de ficción. Amo un sueño olvidado y mi amor se siente igualmente nublado, ajeno, olvidado. Juro amor eterno y calcino a un personaje de novela que hoy vive tan solo en la tinta y las hojas.
Aterrada, resignada y confundida tan solo te digo: -Te amo locamente en mi eterno olvido-.
